Un viaje de película

Vanessa Calvo

A simple vista, ¿qué pueden tener en común cine y turismo? ¿Ser una vía de escape de la rutina? ¿Una invitación a relajarnos y disfrutar de nuevas sensaciones? Si profundizamos más allá de esta primera impresión, podremos comprobar que entre estos dos mundos existe, en ocasiones, una relación mucho más estrecha de la que ambos pueden beneficiarse.

En determinadas ocasiones, son las propias empresas turísticas e instituciones públicas las que entablan negociaciones con las productoras; en este sentido, juegan un papel destacado las denominadas «Film Comissions» entre cuyos objetivos se encuentra promocionar territorios como escenarios idóneos para el rodaje de películas.

Pero hay otras veces que son verdaderos exitazos de taquilla los que generan un auge del turismo. Tal ha sido y sigue siendo en la actualidad la influencia del llamado Séptimo Arte en el mundo turístico que en la década pasada llevó a Riley y Van Doren a acuñar el concepto de «Movie Induced Tourism»; término utilizado posteriormente como instrumento para valorar el incremento de visitas a lugares que han sido escenario de importantes y comerciales producciones cinematográficas. Así, diversos estudios demuestran como el número de turistas se ha visto incrementado tras el estreno de exitosas películas: recordemos la Nueva Zelanda de la trilogía de El Señor de los Anillos, la Escocia de Braveheart o la Gran Bretaña de Harry Potter.

De este modo, no resulta difícil comprobar cómo una visita al cine nos puede hacer soñar con nuestro próximo destino de vacaciones.

Vanessa Calvo

Relájate en vacaciones

Lo primero es mentalizarse. Te mereces unas vacaciones. Necesitas romper la rutina y si es necesario, aprender a no hacer nada, a vivir sin reloj y sin exigencias, dejándose llevar por el momento. Calor y más calor es la palabra que m&aa…

Debate para sordos

Tejada

La tentación era demasiado fuerte para resistirse y no he podido dejar de apuntarme a la Carta de Reyes y el espectáculo, vacío de soluciones, del pasado Debate anual del Congreso. De verdad, para eso, ya tenemos las revistas del corazón y los programas azucarados de esa pornografía televisiva, que desnuda para el público la vida de los que viven de eso.

Como si las empresarias viviéramos en un mundo aparte, lo que acaba de sacarse de la «chistera», viene de lo de «chiste» ¿no?, pues son como las limosnas de San Lázaro, vamos que hace falta tener mucha fe para pensar que con cuatro subvenciones, con 420 euros por familia, un poco de obra pública y con la píldora del «año después» se resuelve el problema.

Perdonen señores, pero el problema no está ni en debatir si se abarata el despido, ni en subvencionar la compra de automóviles, ni regalando matrículas gratis de master para estudiantes que no encuentran trabajo. Por favor, no vendan más este optimismo antropológico, no más parches, ayuden a las pymes, favorezcan los créditos, dejen de mangonear con las autonomías, creen microcréditos para emprendedoras, ayuden al que quiere hacer cosas y déjense de palabras abstractas como la llamada nueva «economía sostenible», para cambiar el modelo de productividad, porque las soluciones son para «ayer».

Reconozcamos ya de una vez, que ya despertamos de un cuento que nos «vendieron» con la idea de país rico, autosuficiente con escuelas, sanidad y servicios propios de una sociedad del bienestar, que sólo se preocuparía de decidir su ocio. Hasta hace poco se hablaba de trabajar menos y ganar más mientras se despilfarraba por doquier con inventos como el Forum de mi tierra, la Cartuja, el Terra Mítica o la especulación urbanística, que más da, no nos ha hecho mejores ni viviremos de eso.

La única realidad es que ningún Estado te garantiza un trabajo, ni te asegura el bienestar más que tu propio esfuerzo, y eso las mujeres lo sabemos muy bien, sobre todo las que trabajamos y especialmente las que ni siquiera tienen un salario. Aquí no vale gobernar con cara de «simpático» sino de eficiente, es hora de poner a prueba los miles de masters de otros tantos licenciados, que en su mayoría han costado a la sociedad el 75% de sus estudios, para que aporten ideas, innovación, sentido común y sobre todo, sus ganas de trabajar.

Y los políticos lo que deben hacer son dos cosas importantes, además de proporcionar servicios y velar por la seguridad. La primera, crear un entorno que favorezca el espíritu emprendedor y que permita la competitividad y el desarrollo de las empresas que son las que dan trabajo y de las personas que son quienes lo hacen.

Y la segunda sería acompañar a los ciudadanos, esto sí, pero sin mentir, sin demagogia, con realismo, aprovechando el privilegio de conocer e intervenir en la macroeconomía internacional y así propiciar las condiciones para que surja el talento de la gente, o sea, cuidar a la gente, pero no porque sean votante, sino simplemente porque somos personas.

Mª Ángeles Tejada
Presidenta de Fidem y Directora General de Randstad Especialidades

La realidad investigadora

El otro día leí un artículo que, bajo el título «La ciencia: ¿sólo en manos de funcionarios?», analizaba la reforma de la carrera de los investigadores. En él se apuntaba que un 70% de la producci&oacut…

Aprobar

Lourdes Otero2

Llegó julio, se acabaron los exámenes y nos han dado las notas. Ya no hay nervios, ahora quedan las alegrías por el buen trabajo realizado o los llantos.Los adultos, aunque no estemos estudiando nos enfrentamos cada día a esa escuela de la vida. Es curioso, pero todos o casi todos, en nuestra época de estudiantes estábamos deseando ser mayores para trabajar, tener dinero, vivir nuestra vida y hacer lo que nos diera la gana.

De trabajar y tener dinero mejor ni hablemos. El hacer lo que nos de la gana es más bien un deseo que pocas veces se cumple. Yo, al menos, no conozco a nadie que lo haya realizado en su totalidad.

¿Y vivir nuestra vida? ¿Qué es vivir nuestra vida? ¿Ser independiente? ¿Llegamos a lo largo de nuestros años a vivir verdaderamente independientes? De jóvenes anhelamos, y es bueno, independizarnos de nuestros padres. Y en un sentido la mayoría lo logramos. ¿Pero vivimos vidas independientes? ¿Vivimos nuestra vida o la que nuestro entorno, nuestra familia, nuestras circunstancias nos permiten y marcan cómo vivir?

A menudo nos encontramos con gente que ha renunciado (seguro que involuntariamente, pero tampoco han hecho mucho para cambiar) a vivir libres. Libres de la aprobación de los demás. ¡Qué triste! No poder decidir, no poder opinar, tener miedo a expresarse por necesitar que alguien siempre apruebe nuestras actuaciones. Se nos olvida que somos responsables de ser lo mejor que podemos ser. No somos responsables de ser otra persona, ni ser como otra persona, ni por supuesto, como otra persona quiera que seamos. Existen verdaderos adictos a la aprobación. Es como esa sustancia que nos ayuda a mitigar el dolor momentáneamente, pero a partir de ahí comienza un ciclo de control en nuestras vidas que puede llegar a ser destructivo. A los adictos no les gusta su vida, pero no pueden afrontar vivirla de otro modo.

La principal condición que se tiene que dar para que esto no ocurra es querernos a nosotros mismos. No quererse a sí mismo y no aprobarse conduce a tremendos problemas emocionales. ¿Andamos con cara mustia, deprimidos, desanimados y abatidos? Si es así, debemos escoger una nueva actitud hacia nosotros. Apartar el miedo a mostrarnos como realmente somos. Si perdemos una relación debido a que le hemos dicho a alguien que no, entonces posiblemente nunca tuvimos una verdadera relación con esa persona. Podemos comprar amigos dejando que ellos nos controlen, pero tendremos que mantenerlos siempre del mismo modo que los obtuvimos. A veces hacemos concesiones en las primeras etapas de una relación para obtener algo o a alguien que queremos. Pensamos que podremos cambiar a la persona más tarde, pero casi nunca funciona de ese modo.

Si nos encontramos en esta situación más vale una retirada a tiempo. Romper una adicción produce sufrimiento, pero merece la pena si con ello conseguimos llegar a ser verdaderamente libres de ataduras.

Lourdes Otero
Periodista

Debate para sordos

Mª Ángeles TejadaMª Ángeles Tejada

La tentación era demasiado fuerte para resistirse y no he podido dejar de apuntarme a la Carta de Reyes y el espectáculo, vacío de soluciones, del pasado Debate anual del Congreso. De verdad, para eso, ya tenemos las revistas del corazón y los programas azucarados de esa pornografía televisiva, que desnuda para el público la vida de los que viven de eso.
 
Como si las empresarias viviéramos en un mundo aparte, lo que acaba de sacarse de la “chistera”, viene de lo de “chiste” ¿no?, pues son como las limosnas de San Lázaro, vamos que hace falta tener mucha fe para pensar que con cuatro subvenciones, con 420 euros por familia, un poco de obra pública y con la píldora del “año después” se resuelve el problema.
 
Perdonen señores, pero el problema no está ni en debatir si se abarata el despido, ni en subvencionar la compra de automóviles, ni regalando matrículas gratis de master para estudiantes que no encuentran trabajo. Por favor, no vendan más este optimismo antropológico, no más parches, ayuden a las pymes, favorezcan los créditos, dejen de mangonear con las autonomías, creen microcréditos para emprendedoras, ayuden al que quiere hacer cosas  y déjense de palabras abstractas como la llamada nueva “economía sostenible”, para cambiar el modelo de productividad, porque la soluciones son para “ayer”.
 
Reconozcamos ya de una vez, que ya despertamos de un cuento que nos “vendieron” con la idea de país rico, autosuficiente con escuelas, sanidad  y servicios propios de una sociedad del bienestar, que sólo se preocuparía de  decidir su ocio. Hasta hace poco se hablaba de trabajar menos y ganar más mientras se despilfarraba  por doquier con inventos como el Forum de mi tierra, la Cartuja, el Terra Mítica o la especulación urbanística, que más da, no nos ha hecho mejores ni viviremos de eso.
 
La única realidad es que ningún Estado te garantiza un trabajo, ni te asegura  el bienestar más que tu propio esfuerzo, y eso las mujeres lo sabemos muy bien, sobre todo las que trabajamos y especialmente las que ni siquiera tienen un salario. Aquí no vale gobernar con cara de “simpático” sino de eficiente, es hora de poner a prueba los miles de masters de otros tantos licenciados, que  en su mayoría han costado a la sociedad  el 75 % de sus estudios, para que aporten ideas, innovación, sentido común y sobre todo, sus ganas de trabajar.
 
Y los políticos lo que deben hacer son dos cosas importantes, además de proporcionar servicios y velar por la seguridad. La primera, crear un entorno que  favorezca el espíritu emprendedor y que permita la competitividad y el desarrollo de las empresas que son las que dan trabajo y de las personas que son quienes lo hacen.
 
Y la segunda sería acompañar a los ciudadanos, esto sí, pero sin mentir, sin demagogia, con realismo, aprovechando el privilegio de conocer e intervenir en la macroeconomía internacional y así propiciar las condiciones  para que surja el talento de la gente, o sea, cuidar a la gente, pero no porque sean votante, sino simplemente porque somos personas.

Un largo camino

Gloria BellidoNo hay nada que hacer. Si en vacaciones queremos visitar algún sitio medianamente lejano, estamos obligados a coger el avión. En mi caso el miedo que siento cada vez que el avión despega o aterriza se ve eclipsado por…

Un mensaje en una botella

Manuel BellidoHoy tengo la cabeza llena de levante. Bajo un cielo gaditano y sin arrugas, este océano conocido me llena como siempre de ingenuas sensaciones. Acaricio tu imagen en este horizonte salado y alimento ansias pescadoras. Suelto amarra…

Mujer tenía que ser

Isabel GarcíaIsabel García

Lo confieso. Aparco rematadamente mal. Es un dato objetivo, y si no que se lo pregunten a cualquiera que me haya visto en dichos menesteres. Es un dato tan objetivo como que mi madre o mi mejor amiga serían capaces de aparcar un todoterreno en 15 segundos y con dos golpes de volante, o como que para mi padre la distancia de seguridad consiste en pegar el morro al culo del que le precede. ¿Qué quiero decir con esto? Que ya está bien de generalizar y sobre todo ya está bien de escuchar esa burla ofensiva e innecesaria de “mujer al volante, peligro constante”. Ya cansa, es más, aburre.
 
Porque el mito de la mujer como conductora ha llegado a un punto en el que ha trascendido la categoría de falacia para convertirse en una verdad de muy difícil comprobación, una verdad que muchos dan por cierta a base de repetirse hasta la saciedad. Y mientras tanto las aseguradoras de turno se empeñan en publicar estudios e informes comparando las actitudes de hombres y mujeres al volante y obteniendo conclusiones, fácilmente rebatibles, del tipo: “el 82% de los accidentes mortales están causados por un hombre” o “por cada mujer que rebasa la velocidad máxima en autovía hay dos hombre que hacen lo mismo”. Aunque interpretar estos datos sin tener en cuenta otros factores imposibles de medir sería como participar del juego de quienes dicen aquello de “mujer tenía que ser”, quizá deberían llevar al menos al género masculino a una profunda reflexión: ni nosotras conducimos tan mal, ni ellos tan bien. Y si no siempre me quedará la posibilidad de hacerme con uno de esos coches que anuncian en televisión y que según cuentan aparcan por sí solos. Así quizá no me manden los machitos de turno a lavar platos o invoquen a mi sagrada progenitora.

El cambio, la pieza clave

Ana Maria HerreroHoy he reflexionado sobre el cambio, es una de las mejores herramientas que nos permiten permanecer y crecer de alguna manera. Las empresas cambian continuamente y resulta interesante desde mi posición observar estos cambios. Au…

Periodismo
Constructivo