Cambiar a mejor
Gloria BellidoTodos nos habremos encontrado alguna vez en la vida con la situación de tener que hacer una maleta y mudarnos. Muchas veces dentro de nuestra misma ciudad y otras veces a algún otro sitio.
Cuando esto último oc…
Mientras te espero
Manuel BellidoA través de los cristales de esta cafetería del centro miro la calle. Veo como los transeúntes van apareciendo poco a poco para después disolverse como fantasmas en esta mañana de otoño. Cad…
Solidaridad y trabajo
A mí me pasa como a vosotras, que creo poco en las estadísticas, será por aquel paradigma del pollo ¿recuerdas? “si tú y yo tenemos un pollo, según las estadísticas nos hemos comido medio cada una, aunque te lo comas tú entero y yo ni lo pruebe”. Por tanto, ojito con las estadísticas y sobre todo con la fuente. En este caso es el INE -habrá que fiarse- que con datos del 2007 resulta que los hombres cobraron un 25,6% más que las mujeres y en la franja de edad entre 55 a 59 años llegamos a casi un 30% (29,4%) de diferencia, ahí están los números.
Estas diferencias salariales empiezan a partir de los 20 y 24 años y se alargan toda la vida laboral, aunque esta práctica en nuestro país cada día tiene menos vigencia. Hay que tener en cuenta que existe mayor conciliación y más responsabilidad para superar el famoso “techo de cristal” de las mujeres y, en muchos casos, la renuncia promocional viene de ciertas auto-limitaciones que nos imponemos, a veces temporalmente y otras de forma definitiva en la carrera profesional, para disfrutar mejor la maternidad, la familia….
Ciertamente, los planes de igualdad que se van imponiendo en las empresas impiden ya desde el inicio y vía convenio estas discriminaciones que se hacen más evidentes en sectores como el turismo y hostelería, teniendo en cuenta que es nuestra principal industria, y también porque la escasa innovación de estos años ha generado cierto empresariado cuya competitividad dependía de pagar lo mínimo.
Más allá de estos datos y una realidad que conocemos perfectamente, creo que los tiempos nos van a favor, así como el progreso, ya que por una parte salen mayor número de tituladas de la Universidad y, según los docentes, el porcentaje de mujeres acostumbra a superar con mejores resultados la etapa universitaria. En la Formación Profesional, ya se verá, pero la tendencia es la misma y al final, como todos somos clientes, valoramos mejor el resultado de un servicio que disfrutamos, más allá del género de quien nos lo proporciona.
Hay otros motivos de optimismo, de entrada, la presencia de mujeres en las decisiones políticas está contribuyendo a evitar crispaciones y propiciando el diálogo, casos de Alemania ó Chile etc. por poner algún ejemplo. Las llamadas “competencias” femeninas también se ponen de manifiesto en la forma de hacer negocios y en el espíritu emprendedor, ya que cada vez tenemos más empresarias que dan el salto hacia la microempresa.
Quiero acabar afirmando que no es bueno que se “manosee políticamente” como se está haciendo en estos días por parte de algunos políticos y me refiero a la llamada “solidaridad” justificando sólo los impuestos, un título muy bonito, pero que por desgracia sólo se lee con los hechos, y de eso, las mujeres sabemos un poco, ya que desde que tenemos uso de razón nos enfrentamos al mundo simplemente por ser solidarios con nuestras familias. Creo que dar a luz es un acto de solidaridad enorme con la humanidad, como cuidar una familia y mantener cierto orden y civismo, pero quizás la mayor manifestación de solidaridad en tiempos difíciles sea poder dar trabajo a otras personas, aunque además también tengamos que darles de comer. Este sería un buen ejemplo de solidaridad.
Mi papá también me cuida
Hoy los papás también cuidan. Y digo hoy porque no sé en el caso de quienes me leéis, pero en el mío propio lo cierto es que no recuerdo ni una sola vez en la que mi padre, de pequeña, me haya llevado al médico, me haya puesto el termómetro en mitad de la noche o haya acudido al colegio a hablar con mi profesora. No quiero decir con esto, ni mucho menos, que no haya sido un buen padre, para mi el mejor, pero tampoco puedo decir lo que no es. Hoy, y lo compruebo en los padres de mi generación, los padres son capaces de pasar la noche en vela porque el pequeño se durmió con fiebre, manejan los pañales con la misma audacia que la madre, se preocupan por la elección de la guardería y solicitan permiso en el trabajo porque toca vacuna.
Por eso hoy seguro que hay más de uno y de una que celebra que ya no habrá que esperar hasta el año 2013 para que los papás puedan disfrutar de cuatro semanas de permiso de paternidad después de que el BOE publicara el pasado mes de octubre la Ley que amplía el mismo de dos a cuatro semanas y que podrá disfrutarse a partir del 1 de enero de 2011, adelantando pues en dos años la previsión normativa inicial. Igualar el permiso paternal nos beneficiará a las mujeres, que veremos cómo se va diluyendo la penalización que provoca la maternidad sobre el empleo femenino; beneficia a los hombres, que podrán ejercer este derecho laboral en las mismas condiciones que las trabajadoras; y beneficiará a la sociedad en su conjunto, porque estaremos avanzando de una manera más coherente hacia la corresponsabilidad.
Isabel García
En recuerdo de Don Luis
Cuando oigo hablar a la gente de sus profesores, muchas veces escucho frases no muy alentadoras sobre la educación. Profesores de matemáticas que les han quitado a sus alumnos el poco gusto que tuvieran por los números, maes…
Mujeres insatisfechas
Cada día en mi consulta de atención primaria encuentro a una o más mujeres que manifiestan estar insatisfechas. Lo preocupante es cuando esta insatisfacción va unida a la baja autoestima, a la falta de un apoyo familiar y s…
El autobús
Manuel BellidoHacía tiempo que no me subía en un autobús. Ayer lo hice. Junto a mí alguien ojeaba el periódico, enfrente una señora leía el prospecto de un medicamento, mientras un chaval de cinco …
La cuenta, por favor
No falla. No hay nada mejor como acudir a un restaurante con tu pareja para comprobar como la “España profunda” sigue estando ahí, para comprobar que eso de que hombres y mujeres somos iguales es un cuento chino que no paran de vendernos. Les cuento, aunque seguro que a más de una, y de uno, les sonará la historia. Abrimos la puerta del restaurante, nos atiende el metre, quien, fijando su mirada en él, pregunta que cuántos seremos. “Dos”, dice mi pareja. Y piensas, a lo mejor yo no sería capaz de sumar uno más uno. Pero bueno, no pasa nada, será que él ha entrado primero. A continuación nos indica unas escaleras para subir a la mesa y sin saber cómo se abre ante mí un vacío. Y piensas, se ve que me toca subir primera, igual creen que con los tacones que me he colocado me puedo caer y necesito un pecho masculino que soporte esa posible caída. Pero bueno, no pasa nada, un gesto de galantería que acepto. El paso siguiente es pedir la bebida, y dice él: “Una cerveza y una botella de agua, por favor”. Se acerca el camarero y sin mediar palabra le colocan la cerveza a él y el agua a mí. Y piensas, ¿yo había pedido cerveza o agua? Pero bueno, que no pasa nada, será que hoy he escogido uno de esos vestidos “fashion” que venden ahora y que lo mismo sirven para ir a la moda como para guardarlos en tu fondo de armario para cuando te toque estar en estado de buena esperanza. Así que nada, no pasa nada, será que el camarero ha pensado que estoy de cuatro meses y que como tal no debo beber alcohol. Llega la hora de pagar, pide una servidora la cuenta y al traérnosla la dejan justo en la mitad de la mesa. Y piensas, no se acordará de que he sido yo quien la ha pedido. No pasa nada, pago la cuenta. Donde ya sí que pasa es cuando traen el cambio y, como era de esperar, se lo dan a él. Aquí ya no hay nada que pensar, no hay excusas que valgan. Lo queramos o no, nos guste o no, estamos en una sociedad machista. De acuerdo, muchísimo menos que hace 50 años, pero es machista. Así que nada, realizada la comprobación y obtenida la conclusión de que hay cosas que no cambian por mucho Ministerio o Ley de Igualdad que haya, sólo me quedó recordarle al camarero quien fue la persona que pagó la cuenta para ver si así en la próxima visita al restaurante, además de devolverme mi dinero, me dejan tomarme la cerveza a gusto.
¿Estudias o trabajas?
Entre los 70 y los 80 una de las frases favoritas que se usaba para “ligar”, era el “pero ¿tú estudias o trabajas?”. Es bien sabido que la pregunta casi siempre da pie al diálogo y mucho más que la curiosidad por la respuesta de lo que se trataba era de iniciar una conversación. Obviamente las máximas posibilidades del resultado de la misma podían acabar en una posible cita y punto, eso es lo que había.
Pues ahora acaban de sacar una encuesta de Metrovacesa (El País 22-06-09) por la que un 54% de los encuestados de entre 15 y 34 años afirma que no tiene proyecto de futuro para ninguna de las dos cosas, eso es lo que hay. Obvia la respuesta que usted y yo nos hacemos y es que la mayor parte van a vivir “de los padres”, que es lo que toca.
Claro que la mayoría de estos jóvenes han crecido en la época de plena abundancia, en familias que no paraban de mejorar su nivel de vida, pero que debían enfrentarse a unas condiciones laborales complejas, al mileurismo, al exceso de masteritis y por qué no decirlo, al comoditis. Muchos de ésos jóvenes tentados por el dinero fácil abandonaron sus estudios y se fueron a la construcción o a otras industrias bluff, y hoy no tenemos aprendices.
Por otra parte, y según me cuentan, corrían los bulos entre la gente universitaria que para trabajar y ganar más dinero hacían faltan no se cuántos masters en el currículo. Y yo me pregunto: ¿cómo se puede ser “maestro” de algo sin haber trabajado nunca, sin ser aprendiz, ni oficial? Es posible que el sistema educativo tenga algo que ver, pero haber educado a muchos jóvenes, evitándoles tomar decisiones, protegiéndolos contra el riesgo y dejando que su capacidad de aventura se la cuenten por la tele, en la play o en el cine ha creado generaciones de jóvenes conservadores, individualistas y que prefiere ser funcionarios antes que emprender un proyecto profesional.
Hay mucha gente que se ha empeñado en romper el paradigma de que “una buena formación, equivale a un buen trabajo y a una cierta estabilidad laboral”. La verdad es que, en cualquier escenario, esta ecuación sigue existiendo porque los empresarias seguimos buscando talento , procuramos dar trabajo a todos y especialmente a los que tienen mejor actitud y nos sigue encantando la responsabilidad social corporativa, la sostenibilidad, el ecologismo y para las mujeres la conciliación familiar, claro que sí, pero resulta que al final en economía se trata de que los números salgan, o sea que si quieres conciliar debes mantener tu productividad o rebajar tus pretensiones.
Mientras escribo estas líneas, el Gobierno acaba de decretar una ayuda de poco más de 400 euros para los que acaban el subsidio de paro y tienen cargas familiares. La medida me parece social, necesaria y muy buena, pero lo mejor está en la letra pequeña, ya que la única condición que pone la administración para dar este dinero en el que contribuimos todos, es que habrá que formarse, incluso cambiar de profesión. Por ahí vamos mejor, ya que para buscar trabajo lo primero debería ser estar dispuesto a sacrificar tiempo, esfuerzo y bienestar.
Siempre he pensado que lo mejor de los subsidios, que deben existir puntualmente, es que no tengas que utilizarlos nunca.
Empleabilidad, un valor atractivo
Ana Maria HerreroHace algunos años trabajé con un brillante director financiero, persona excepcional tanto desde el punto de vista técnico como humano, con ideas y metas claras y bien trazadas. Desde su época de estudiante s…



