Crisis u oportunidad
Hace poco estuve en una conferencia donde cuatro ingenieros, en el marco de orientación a los alumnos de último curso, contaron su experiencia en los distintos caminos profesionales que había tomado cada uno de ellos y las ventajas…
¿Estamos preparados para hacer estas funciones?
Ana Maria Herrero¿Qué es lo que hace un directivo? Es una pregunta que se suelen plantear muchas personas dentro y fuera de las organizaciones. Al responder diremos que como directivos “planificamos, organizamos, dirigimos y control…
Negocio hipócrita
La prostitución me rompe el corazón, pero me llena el carterón. Así podría resumirse la relación que mantienen diversos medios de comunicación escritos de nuestro país con la prostitución. Medios como El País, ABC o El Mundo que mientras defienden en sus páginas los derechos humanos y luchan contra la trata de personas y el proxenetismo, ingresan en sus arcas por los anuncios de contactos millones de euros cada año a los que parece ser, no están dispuestos a renunciar. Anuncios que con frecuencia esconden la actividad de redes mafiosas que utilizan a la mujer como un mero objeto lucrativo teniendo en cuenta que según los informes policiales entre el 85% y el 90% de las prostitutas de nuestro país son extranjeras, por lo que no es muy difícil deducir que al otro lado del teléfono que aparece en los mismos puede haber un explotador sexual.
Es la cara hipócrita de un negocio hipócrita del que ya se han retirado otros diarios como Público, La Razón o 20 Minutos en un momento en el que el debate está más abierto que nunca después de que la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, anunciara el pasado mayo que su departamento está trabajando en “distintas fórmulas” para conseguir la eliminación de estos anuncios de contactos. En un momento en el que las voces de los grupos editoriales implicados hablan de falta de pruebas que evidencien la existencia de esas mafias tras cada anuncio, de viabilidad, de sostenimiento, de crisis económica,… pero nunca del hecho de que esos anuncios existían en la prensa española que presume de seria desde mucho antes de que la crisis se instalara entre nosotros, pero nunca de coherencia editorial. Aquella que falta cuando denuncias en una página lo que anuncias en otra.
Isabel García
Las “tres i” de la televisión
Más de las tres cuartas partes de los españoles se harán la misma pregunta que yo cuando, mando en mano, nos disponemos a buscar en la televisión algún programa, serie, película que capte nuestra atención: ¿Qué he hecho yo para merecerme una tele como esta? Esa pregunta cobró un sentido especial, se elevó a la “n” potencia del absurdo cuando, haciendo zapping, y por arte de la mala suerte, caigo en un programa de la Cuatro que se llamaba “21 días… fumando porros”. Vamos que lo mismo se podía llamar 21 días destrozándote la vida o haciendo el soplagaitas, por ser más respetuosa con el lector o lectora que Don José Camilo Cela. Una periodista que según su currículum, muy bueno por cierto, se podía dedicar a hacer más labores de investigación y menos el “ridiculum”. Perdonad la gracia pero es que maldita sea la ídem del programita. Se me ocurren 21 mil maneras mejores de hacer periodismo y del bueno.
Ante el estupor de saber las artes de esta reportera, pregunté a varios profesionales del periodismo en activo su opinión sobre dicho programa y me quedo con la reflexión del gran Rafael Martínez Simancas, un monstruo en lo suyo, que dice (y yo suscribo): «Degradar el oficio de informador, (ya bastante desprestigiado), a niveles de todo vale por la audiencia me parece cuando poco detestable. Lo cuál no quiere decir que no le reconozca un mérito extraordinario a la compañera que hace esa información puesto que por perseguir la noticia se está quitando la vida. Me pregunto si un buen banquero para serlo debería también pedir dinero en la calle, en este caso en «la puta calle», o si un Premio Nobel de la Paz debería participar en una lapidación para conocer el alcance de la maldad del ser humano. Y, si para llegar a santo hace falta pasar por la categoría de genocida. No descartemos grandes momentos de la televisión cuando arrojen reporteros desde aviones para escuchar su narración mientras caen al vacío».
Pero no quiero caer en la crítica fácil hacia ese programa y su presentadora, pues al fin y al cabo no es más que un producto de una cadena de televisión y de una productora a la que no quiero dar más publicidad. Se bastan solitos. Mi reflexión va un poco más allá, ¿por qué nos aburre la tele?. ¿Debemos los periodistas exponernos y hacer este tipo de cosas para demostrar nuestra valía? Lo que se llamaba caja tonta ahora además es “idiota”. Poco inteligente, menos imaginativa y cero instructiva. Para ver un programa que contengan esas “tres i” tenemos que trasnochar. Entre el fútbol, el tenis, Informe Semanal, algún debate y los documentales debe haber algún otro programa de interés, ¿no?. Hoy día hasta se echan de menos programas como La Clave, La máquina de la verdad, conducidos por profesionales de los medios y no por Grandes Hermanos o familiares de. Pensábamos, los incautos televidentes, que con la llegada de la famosa TDT íbamos a poder disfrutar de una televisión de mayor calidad, y pasado unos meses, sólo ha cambiado en que tenemos más canales basura, pero no más calidad. Si queremos ver algo de interés, debemos seguir pagando por ello. También están las televisiones de pago, que nos ofrecen lo más parecido a una televisión a la carta. Pero claro, dejándonos en el camino una cuota mensual. ¿Será una solución a este problema, de la caja más tonta que nunca, la llegada de la televisión en Internet? Fácil se lo están poniendo.
Hoy en día, ¿qué programa hace que permanezcas atento más de diez minutos?. El que lo consigue es, o bien porque despierta el morbo, o porque te despierta el libido o porque te has quedado dormido. No hay nadie que se de cuenta de que el Medio de Comunicación más eficaz y directo, junto con la Radio, es la Televisión. ¿O la televisión que tenemos es la que demanda la sociedad? Me niego a creerlo. La televisión no es simplemente el electrodoméstico que adorna el salón y su run-run nos hace compañía.
Mónica Urgoiti Arístegui
Crisis u oportunidad
Gloria BellidoHace poco estuve en una conferencia donde cuatro ingenieros, en el marco de orientación a los alumnos de último curso, contaron su experiencia en los distintos caminos profesionales que había tomado cada uno de ellos …
No pases hambre mujer
Manuel BellidoComemos todos los días. Tenemos necesidad de comer y la subsistencia de nuestro físico depende en gran medida de nuestra alimentación. Esta reflexión tan sencilla no cuadra con la infeliz relación entre …
Despertar ante la crisis
He oído demasiadas veces que este inicio del siglo XXI, significa el despertar, de las mujeres en el mundo laboral. La verdad es que esta acepción no me parece nada afortunada, porque las mujeres no necesitamos despertar de nada, porque nunca hemos dejado de estar en la sociedad, trabajando y ocupando un rol decisivo, aunque no siempre reconocido.
No es nada despreciable que según el estudio realizado sobre Impacto de la actividad empresarial femenina en la economía española, elaborado para la Organización de Mujeres Empresarias y gerencia Activa (Omega) y Banesto, “el 69% de las mueres empresarias aporta más del 50% de los ingresos de economía doméstica”, constituyendo las mujeres el 33% del empresariado español.
Según el documento “Economía Social en la Unión Europea”, la mujer representa una fuente importante de generación de empleo y de riqueza, empleando a más de 11 millones de personas; además, en el último decenio las mujeres con empleo aumentaron en 200 millones, hasta alcanzar los 1.200 millones de empleos.
Asimismo la presencia de directivas en este segmento también sigue aumentando, pues del 43% de empleos femeninos, un 36% tiene puestos directivos. Según CEPES, el 45,89% del empleo creado en cooperativas corresponde a mujeres. Pero como diría Thomas Fuller, “lo bueno no es bueno, cuando se espera algo mejor” y por ello no debemos pararnos ahí.
Creo honestamente que las mujeres emprendedoras y directivas no podemos autolimitarnos y si queremos superar la susodicha brecha salarial, que aún se sufre en determinados sectores de la economía, debemos fijarnos objetivos ligados a la competitividad y los resultados, en congruencia con lo que se valora en la economía de mercado, que es conocimiento y si apuramos un poco más, diría que es el conocimiento crítico, o sea, los valores diferenciales que te hacen mejor que la competencia.
Hay que asumir compromisos y puestos de decisión, ya que continúa siendo una incongruencia que la representación femenina en altos cargos, suponga sólo un 5%, cuando nuestro colectivo corresponde a más de la mitad de alumnos en las Universidades y en las facultades de Economía y Empresa.
Estamos en un mercado altamente competitivo, que requiere flexibilidad, movilidad y adaptación constante. Por ello y siendo muy humano, racional y digno tener una vida plena en la que pueda conjugarse trabajo y familia, es necesario en cada caso definir qué es lo realmente importante y cómo queremos dar sentido a nuestras vidas. Hemos de entender que por mucho que queramos separarlas, somos una sola persona y la armonización de una perfecta vida social, familiar y laboral requiere gran organización, capacidad de sacrificio y especialmente el apoyo, la colaboración y la contribución efectiva de la pareja o las personas con las que convivimos y que pertenecen a este proyecto personal.
Por último, es importante destacar que precisamente en las épocas de crisis es cuando parece posible acudir al cambio que permita descubrir las oportunidades, las crisis sólo pueden superarse con ilusión, valores, actitud e innovación, y yo añadiría con mucho esfuerzo y una dosis de sacrificio, el necesario que corresponda a los objetivos individuales que nos propongamos cada una de nosotras en el ámbito de nuestra vida.
Mª Ángeles Tejada
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