La importancia de la cultura en la empresa hoy
Ana Maria HerreroLa cultura organizacional es uno de los conceptos más recurrentes en la actualidad para explicar la evolución y el desarrollo de las empresas. El éxito o fracaso de las mismas, desde micropymes hasta organizaciones…
Reglas simples
Gloria BellidoEl otro día volviendo a casa me paré en uno de esos puestecitos de higos chumbos que en Sevilla, en esta época del año, proliferan.
El hombre, un anciano sonriente, cogía los higos uno a uno y los…
Las obras de arte de cada día
Manuel BellidoUn profesor mío decía siempre que el arte o tiene trascendencia o no es arte. El arte es un camino que se recorre de la parte al todo. Un cuadro, limitado en sus medidas y en sus formas, cuando es arte tiene la capacid…
¡Voz de mando!
Esto es una abuela que le pregunta a su nieta: -¿Tú de mayor, cielo, quieres ser médico como papá?. -¡No abuelita, yo voy a ser piloto de caza como mamá! Esto que forma parte de lo irónico de mi imaginación ilustra perfectamente lo que está ocurriendo hoy día en el ejército y en los cuerpos de seguridad españoles.
Este mes de octubre hemos querido rendir un homenaje a las mujeres uniformadas, aquellas mujeres cuyos trabajos hacen nuestras vidas algo más seguras. Mujeres de bandera. Lejos de comentar episodios como los vividos en Melilla, que son censurables por si mismos (y suceden más a menudo de lo que se publican), nos centraremos en la mujer que viste de uniforme, como madres, mujeres y compañeras. Este verano he tenido la fortuna de conocer a dos mujeres militares, una de alta graduación (Paloma) y otra, soldado raso (Fátima); ambas hablaban del ejército con verdadero orgullo. Las anécdotas, las experiencias que me contaron hicieron que fuera fraguándose en mi cabeza de periodista, que no cuelga el cartel de cerrado por vacaciones, la idea de acercar la labor de este “gremio” a la sociedad.
En el especial “Mujer y Uniforme” hemos podido contar con la inestimable participación de la Ministra de Defensa Carme Chacón, primera mujer al frente de un ministerio de tradición masculina; que ella defiende con voz de mando y sin que le tiemble el pulso a pesar de las criticas que inicialmente recibió. Hoy nadie pone en duda su buen quehacer en el cargo. Las palabras de Belén Caballud, del Observatorio de la Mujer, nos da una visión muy interesante de la mujer en misiones de paz.
Pero quiero agradecer de manera especial la disposición de los compañeros de prensa de los tres cuerpos, Ejército (Verónica), Policía Nacional (Marcos) y Guardia Civil (Fran y Guillermo). Desde el primer momento que les planteamos el reportaje, se volcaron, nos dieron todo tipo de facilidades y sin ellos no hubiéramos podido lograrlo. Espero que al leer este otoñal número de octubre os pase como a mí, el descubrir una versión completamente distinta de estas mujeres (y hombres) que dedican sus horas de trabajo a preservar y cuidar de nosotros y del orden público. En sus “empresas” tienen los mismos problemas y ventajas que cualquier trabajador@ del sector que sea. Conciliación, igualdad, oportunidades de ascensos,(…) La única diferencia que he visto en ellas, en estas mujeres con uniforme, es el orgullo a boca llena de los colores que visten. He desmitificado el viejo mito del guardia civil recaudador, del policía nacional con cara de pocos amigos. Ahora cuando vea una patrulla de la guardia civil veré en él a Noelia. En un tanque del ejército, a Maite. Y en una “lechera” de la Policía Nacional, a Anabelén. Mujeres, madres y uniforme. Y su trabajo les hace especiales y por eso se merecen este número especial.
No quiero romper filas sin dar un abrazo muy fuerte a todos aquellos soldados, policías y guardias civiles que por desempeño de su trabajo han muerto en acto de servicio. Desde Mi Rincón, gracias!
Mónica Urgoiti Arístegui
Abstenerse las feas
Ahora ya sé por qué no he logrado presentar cualquier informativo del mediodía. Ni cualquier informativo de la noche. Ni cualquiera de los de primera mañana. Y, ni siquiera, los de madrugada o los del fin de semana. Me falta…
Empleabilidad y flexeguridad
A menudo los paradigmas pierden su razón de ser con los tiempo y con la propia evolución de la vida; todos recordamos hablando de educación uno que decía algo así: “las letras con sangre entran”, y no se r…
Empleabilidad y flexeguridad
A menudo los paradigmas pierden su razón de ser con los tiempo y con la propia evolución de la vida; todos recordamos hablando de educación uno que decía algo así: “las letras con sangre entran”, y no se refería sólo al “esfuerzo” sino más bien algún cachete en el momento adecuado, que te ayudaba a centrarte en los estudios.
Claro que todo eso ha cambiado en los tiempos actuales, y no tanto porque la violencia se haya erradicado, que más quisiéramos, sino porque en esta sociedad hipócrita dejamos que se manifieste de otra forma. Así despojamos de autoridad a los maestros, ya que los padres tampoco la tienen y, persiguiendo esta utopía de libertad, permitimos el maltrato psicológico, reventamos la naturaleza o también se paga menos salarios a las mujeres, que no deja de ser otra forma, más sutil, de agredir sus derechos.
Pero yo quería referirme a otro paradigma, relacionado con la empresa y el trabajo, que es lo mío y, concretamente, a la realidad del “a mejor formación, mejor trabajo”. ¿Estamos de acuerdo? Siempre fue así y ahora mucho más, porque nuestra sociedad premia el conocimiento y/o los valores añadidos por encima de la simple presencia o el esfuerzo físico.
Me ha gustado especialmente el trabajo preparado por Elogos y la escuela de negocios IESE sobre la realidad de la formación española en 2009. Entre otras cosas interesantes, se dice que en un mundo marcado por la tecnología, la velocidad del cambio y la constante innovación se consideran “conceptos claves” de un aspirante a trabajador, la empleabilidad, imprescindible para ser contratado y la flexiseguridad, o sea la polivalencia y la capacidad de hacer varias tareas a la vez.
Confieso que me sonreía al recordar que en estas “competencias claves”, las mujeres llevamos mucha ventaja desde nuestros ancestros, especialmente en la segunda, porque la multitarea forma parte de nuestra genética, nos multiplicamos con frecuencia atendiendo pareja, familia, trabajo, previsiones, administración doméstica e incluso relaciones sociales, integrándolo en nuestra vida de la forma más natural.
Pero detrás de esta esperanza como género, me preocupa especialmente que desde el seno de la familia, la escuela y muy especialmente desde la sociedad, no hayamos sido capaces de inspirar estos valores a las generaciones que nos suceden, por ello, no es nuevo que las propias empresas no evalúen adecuadamente sus necesidades formativas, aunque tengan los medios.
Pero lo peor de todo sería el enorme “escepticismo” de los trabajadores aspirantes para invertir “su” tiempo en formarse y el rechazo generalizado al “reciclaje”. No pretendemos que haya cola en los cursos -aunque sean gratuitos-, pero por desgracia no existe excesiva motivación para dejar de pertenecer a la categoría de “subvencionado”, “apalancado” o “mantenido”, obviando que con valores, esfuerzo y sobretodo actitud, desterraríamos la frase “es que no encuentro trabajo” y, a cambio, nos plantearíamos, “quizás, no busco adecuadamente, ni me preparo para que me contraten”.
Mª Ángeles Tejada
Abstenerse las feas
Ahora ya sé por qué no he logrado presentar cualquier informativo del mediodía. Ni cualquier informativo de la noche. Ni cualquiera de los de primera mañana. Y, ni siquiera, los de madrugada o los del fin de semana. Me falta belleza. Sí, belleza. No necesito ningún máster en televisión, ni dominar idiomas, ni acumular muchas horas de prácticas… y, por supuesto, si me apuráis, no hubiera necesitado ni terminar la licenciatura de Periodismo. Y es que no sería de extrañar que en un futuro, no muy lejano, apareciese un pie de página con el “abstenerse las feas” cuando se busquen presentadoras de telediarios. Helena Resano, Cristina Villanueva, Sara Carbonero, Cristina Saavedra, Marta Fernández, Mónica Carrillo,… ¿alguna fea? Ninguna.
Vamos, que si los ingredientes que llevan años vendiéndonos de objetividad, credibilidad, neutralidad y, entre otros, rigurosidad los mezclan con una cara guapa y joven, por su puesto, mejor que mejor. Pero claro, una cara guapa femenina, no nos confundamos. Porque aquello que nos cuentan en la facultad de que en el mundo de la televisión la apariencia externa del producto es determinante parece medirse con un doble rasero, el de los hombres y el de las mujeres. Soy consciente de que en ningún caso la profesionalidad y la juventud o belleza están reñidas, pero esta característica común, tan llamativa entre las mujeres, no la encontramos tan evidente entre los hombres del telediario. ¿Qué diferencias hay entre la imagen que ha de proyectar una comunicadora de la de un comunicador? ¿Por qué entre las mujeres la juventud parece ser un valor, y entre los hombres lo es la madurez? ¿Es más importante la juventud y belleza en una mujer que en un hombre a la hora de conducir un telediario? Lo que sí está claro es que… jóvenes estudiantes de Periodismo, si sois feas, abstenerse a enviar vuestras candidaturas a televisión, no recibirán respuesta.
Isabel García
redaccion@mujeremprendedora.net
Mejor, amigas
Se dice que las mujeres somos nuestras peores enemigas. Se dice que el patriarcado y la educación basada en la competitividad para conseguir al mejor macho de la manada han dado estos frutos. Se dice que la cultura de la dominación masculina nos hace enemigas, divididas. Se dice que las relaciones entre mujeres, entre nosotras, están cargadas de celos, traición y rivalidad.
Y ahora, digo yo: ¿por qué si llevamos años pidiendo derechos, exigiendo leyes, reivindicando nuestra autonomía, esforzándonos por ser tomadas en cuenta y defendiéndonos, tenemos que protegernos de un enemigo que habita entre nosotras mismas? Las mujeres tenemos que deconstruir la enemistad entre las mujeres que nos hizo la misma cultura de dominación patriarcal para construir lo que las feministas llaman la sororidad y que no es más que un pacto de género entre mujeres que se reconocen como interlocutoras. Y es que sería muy distinta nuestra realidad si, todas y cada una de nosotras, hiciéramos de la sororidad nuestro estandarte y en lugar de promover rencillas e ignorar la realidad de sumisión en que muchas mujeres se encuentran, implementáramos en nuestro alrededor una actitud de ‘hermandad’ y empatía por las mujeres que nos rodean. Y es que sería muy distinta nuestra realidad si no creyéramos ni aceptásemos la trampa de que las mujeres somos malas amigas, envidiosas y rivales, porque sabemos que históricamente hemos sobrevivido gracias a que contamos con la palabra y el hombro de otra mujer, que, por muy distinta a nosotras que sea, es nuestra igual. Y es que sería muy distinta nuestra realidad si, mejor, fuésemos amigas.
Isabel García
Las penas con pan…
Ya me gustaría, ya, que la realidad me dejara escribir sobre algo que sabe a dulce, pero como reza el rizo o se eriza el erizo, la realidad se impone brutalmente. Mi primera intención era la de escribir sobre esa crónica blanca que existe, y es verdad: el verano y sus perlas doradas al sol, los “txiringuitos” (ahí me ha salido mi vena vasca), sobre los buenos momentos bajo la sombrilla y un buen libro. Quería traer a éste, mi rincón, un amor adulto con ínfulas de adolescencia tontorrona y mariposas en el estómago. Un amor, de nerviosita perdida, pendientita del móvil, brillo en su mirar, de sonrisa perenne y algo bobalicona, como la de un primer amor a los 72 años… Pero la realidad ha superado -con creces- a mi inicial tendencia a lo bonito.
La realidad ha caído cual tromba de agua triste en Córdoba arrastrando todo lo que le venía en gana; como asaltador despiadado de western en Pontevedra, con hambre y destrucción en Pakistán y la India, siempre a los que menos tienen. Siguen aumentando los asesinatos de las parejas en manos de sus parejas (o ex). Aparecen cadáveres en las cunetas por no seguir el cruel juego de los narcos mexicanos; mujeres engañadas con el Dorado de una vida mejor que luego son vendidas en los del farolillo rojo, (…) En verano siempre nos parece más oscura y triste esta crónica negra, a la que se le une la de tono gris: el conflicto con Marruecos y la visita a Melilla de Aznar; el juego de la yenca que se trae el Gobierno: “arriba impuesto, pues ahora no, ni izquierda, ni derecha, un dos tres”; para rematarlo con el tema de los presos políticos cubanos. Después de años de represión y rejas, no contentos con venirse para España, con pulserita de todo incluído, les alojan en un spa de a 60 leuros (como dice Carlos Herrera) la noche. ¡Pero estamos locos o qué! Y son 12 de familia. Y le pregunto al gobierno éste de “papeles para todos”, ¿les pagaremos también los cacahuetes del minibar?.
Volvamos al lado amable de la vida. Quiero hablar de Amor. De qué da igual la edad que se tenga y de que el amor no tiene edad. El corazón no entiende de horas; se detiene el tiempo mientras “clavas tu pupila en mi pupila azul”. El amor a los 72 años es una bendición del destino (bueno, a esa y a cualquier edad). ¿No tiene la mujer y el hombre el derecho a rehacer su vida, a volver a sentir ese gusanillo en la tripa, esas ganas de gritar al viento de Levante, a emocionarse cuando le dicen te quiero? Pues sí, ante tanta injusticia y brutalidad de telediario, yo reivindico, para mi rincón, la crónica blanca de un verano que quisiera recordar como el verano, en el que la madre de una amiga de Bilbao (de esas de toda la vida), que tras nosecuántos años de viudedad, ha encontrado el amor. ¡Muy bien Mariángeles! Envidia me das, que yo, a este paso, me quedo para vestir santos. O como decía mi abuela Maruja, birrotza perdida!!!
Mónica Urgoiti




