¿Son gananciales los beneficios de mi empresa?

ROSA LÓPEZ. ABA ABOGADAS

El equilibrio entre los negocios y las relaciones personales es siempre complejo, sobre todo si hablamos del matrimonio. Si la pareja atraviesa una crisis o si se produce el divorcio definitivo, los problemas pueden aumentar cuando existe de por medio una empresa creada bien por ambos cónyuges o bien por uno de ellos mientras estaba el matrimonio vigente. Y cuando las pasiones se mezclan con los números -y el dinero-, la solución nunca es sencilla.

Cuando una empresa ha sido constituida por un cónyuge vigente el matrimonio o por los dos, ninguna duda cabe que la totalidad de los beneficios, con independencia del destino que se dé a los mismos, son gananciales. El problema llega cuando solo uno de los cónyuges es socio a título privativo de una sociedad.

Precisamente, el Tribunal Supremo ha zanjado, en una sentencia reciente, una cuestión muy controvertida y que había generado pronunciamientos contrarios entre diferentes Audiencias Provinciales: si los beneficios obtenidos por la empresa de que es titular solo uno de los cónyuges son o no gananciales.

Debemos recordar que el artículo 1347.2 del Código Civil establece que son bienes gananciales “los frutos, rentas o intereses que produzcan tanto los bienes privativos como los gananciales”. En aplicación de dicho artículo, existe unanimidad entre los operadores jurídicos en considerar que los dividendos percibidos por un cónyuge de una empresa de la que es socio a título privativo son gananciales. La duda surgía cuando el reparto de dividendos se acordaba vigente la sociedad de gananciales, pero éstos se percibían una vez disuelta. Es decir, tras el divorcio.

En este sentido, el Tribunal Supremo concluye que serán también gananciales los dividendos -beneficio de la empresa que se reparte entre los socios- percibidos tras la disolución de la sociedad de gananciales, incluso cuando el acuerdo de reparto fuese anterior a dicha disolución.

Además, siempre ha existido gran controversia sobre si, en estos casos, los beneficios destinados a reservas -beneficio de la empresa que no se reparte entre los socios y cuyo objetivo es incrementar el patrimonio neto de la compañía- son o no gananciales. Dado que, por un lado, son rentas que produce un bien privativo, pero por otro, nunca llegan a integrarse en el patrimonio del socio.

Hasta la fecha han existido sentencias contradictorias sobre esta materia entre las diferentes Audiencias Provinciales, lo que generaba una grave inseguridad jurídica, ya que, dependiendo de la opinión que tuviera el juzgado que tramitase el asunto, se consideraba a  dichas reservas como gananciales o privativas. Y respecto a esta cuestión, el Tribunal Supremo también ha aclarado que los beneficios destinados a reservas voluntarias son privativos.

Esta conclusión parece lógica, hasta que nos topamos con un supuesto no del todo inusual en el que, en casos de crisis matrimoniales, el cónyuge propietario o socio de una empresa familiar decide no repartir dividendos y destinar los beneficios a reservas voluntarias, con el único objetivo de que dichos beneficios no redunden en favor del otro cónyuge.

Algo que, según explica el Tribunal Supremo en su sentencia, constituye un fraude de ley. Así, concluye que, de acreditarse que la intención del cónyuge socio es hurtar al otro de su derecho a percibir la mitad de dichos beneficios, éstos se considerarán  gananciales, a pesar de haberse destinado a reservas voluntarias.

Como conclusión, el Alto Tribunal aclara dos cuestiones de suma relevancia:

  • Que son gananciales los dividendos cuyo reparto se acordó con anterioridad al divorcio, pero se abonaron después.
  • Que son privativos los beneficios empresariales destinados a reservas voluntarias, salvo que quede acreditada que la razón para no repartirlos es evitar que se integren en el patrimonio ganancial.

Y es que, cuando uno de los cónyuges es empresario -ya sea la empresa ganancial o privativa-, la liquidación de gananciales trae problemas, ocasionados por los diferentes criterios que tienen los juzgados entre sí a la hora de valorar qué partidas son gananciales y cuáles no lo son. Por eso la sentencia del Supremo consigue zanjar, sobre esta cuestión, todas las dudas que pudieran surgir.

Rosa López

Socia de ABA Abogadas

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