¿Dejar mi trabajo para poner mi propio negocio?

Una de las principales consultas por las que acuden a mí como coach, es la duda sobre si una persona debería dejar su trabajo actual para montar su propio negocio. Seguramente si estás leyendo esto, tú también tienes esa inquietud, o has soñado alguna vez con tener una empresa o trabajar por tu cuenta. Lo primero que hay que hacer para abordar el tema con prudencia y tomar una buena decisión es, por tanto, normalizar esta situación: todos fantaseamos con la idea de dedicarnos a algo que nos apasione, ganar mucho dinero mientras “en lugar de trabajar nos divertimos” y ¡ser nuestro propio jefe!

Lo fundamental es averiguar la motivación real: ¿quiero hacerlo porque realmente siento necesidad de aportar algo de valor a otros mediante un producto o servicio, y hacerlo por mi cuenta forma parte de ese sueño? O bien, ¿estoy simplemente cansada de mi trabajo actual? En el primer caso, definitivamente recomendaría valorar la opción de poner un negocio y ahora daré unas cuantas claves para hacerlo antes de lanzarse. En el segundo caso, la solución probablemente no sea montar algo por cuenta propia, sino encontrar otras maneras de relanzar la carrera profesional, dentro de la propia empresa o sector, o dándole un giro que permita expandir posibilidades recuperando la pasión por nuestro trabajo.

Cuando se trata de dejar un trabajo para emprender, lo primero es tener claro qué es lo que deseamos ofrecer. Debe existir esa necesidad de crear (compartir o enseñar) algo de valor para otros. El siguiente paso es convertir ese sueño en un objetivo claro y trazar un buen plan de acción para conseguirlo. Resulta indispensable un plan de negocio donde se concreten asuntos fundamentales tales como: qué voy a ofrecer, a quién, qué necesidades de mi público objetivo cubro, cómo debo dirigirme de modo que logre conectar mejor con ellos, cuál es el valor (y precio) que doy a mis productos o servicios, cuál es la contraprestación que espero recibir, quién es mi competencia y cómo me distingo de ellos; además los aspectos financieros: a cuánto asciende la inversión inicial (recursos necesarios para comenzar), con cuánto cuento (lo ideal es un mínimo de 30/40% de recursos propios) y cuánto necesito conseguir (a quién se lo puedo pedir y cuál es el coste de hacerlo), una previsión de resultados (ingresos/gastos) a cinco años. Todo esto ayuda a concretar lo que en realidad supone hacer lo que nos gustaría, para de esta forma evaluar si nos conviene. Tras más de 10 años de experiencia en consultoría de negocios, puedo decir que un buen plan es una herramienta imprescindible, no obstante, como en la vida misma, tener un buen plan no basta puesto que rara vez las cosas suceden conforme a este. Como testigo de cientos de fracasos y otros tantos éxitos, me atrevo a decir que la clave está en que quienes han triunfado tenían claro que para ellos no había alternativa. Eso era algo que tenían que hacer y focalizaron toda su energía en hacer que sucediera.

Dejar un trabajo estable para emprender un negocio es asumir un riesgo, económico, emocional, con impacto en nuestra salud y relaciones. Al igual que sucede con tantas áreas de nuestra vida, el que no arriesga no gana y el riesgo por definición entraña incertidumbre. La única certeza que necesitamos es simplemente saber que es un riesgo que merece la pena correr. ¿Qué vale la pena intentar, aunque fracasaras? ¿Qué historia de tu vida te gustaría contar en 10 años?

Mariana Villanueva

Coach y escritora

www.know-coach.com

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