Soy emprendedora y quiero donar mi empresa a mis familiares. ¿Qué tengo que hacer?

Después de una vida de lucha y sacrificios, muchos son los que se encuentran a las puertas de la jubilación y no quieren deshacerse de su empresa o negocio familiar. La primera idea que nos viene a la mente seguro que es: “¿Y si se lo dono o transmito a mis familiares?”.

Hacerlo bien y beneficiarse fiscalmente de ello es posible, siempre y cuando se cumplan los siguientes requisitos:

1.- El donante tiene que tener al menos 65 años, o haber sido recientemente declarado en situación de incapacidad permanente.

2.- El o los que reciben la donación deben ser descendientes directos por naturaleza o adopción o cónyuge del donante.

3.- Una vez efectuada la donación, el donante no puede seguir ejerciendo funciones de dirección en la empresa ni percibir remuneración de ningún tipo de la misma.

4.- El patrimonio empresarial donado debe haber estado en activo al menos los últimos cinco años anteriores a la donación.

5.- Los donatarios deben comprometerse a mantener al menos durante 10 años la actividad empresarial (en algunas comunidades autónomas este plazo puede ser inferior), y no realizar operaciones societarias que puedan disminuir sustancialmente el valor de la empresa o negocio.

Una vez cumplidos dichos requisitos, podemos obtener los siguientes beneficios fiscales:

1.- La transmisión o donación a familiares directos se rige por el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones. En función de la comunidad autónoma, se puede obtener una bonificación en el mismo de hasta el 99%, como es el caso de Madrid, donde, además de poder beneficiarse de ello los descendientes directos y el cónyuge, también se prevén bonificaciones para hermanos (15%), tíos y sobrinos (10%).

2.- El donante no tendrá que tributar en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas las posibles ganancias patrimoniales que haya podido suponer la donación de conformidad con la legislación fiscal vigente.

3.- Estarán exentos del Impuesto sobre el Patrimonio los útiles de trabajo y las participaciones o derechos en la misma, siempre y cuando sean necesarios para el desarrollo y mantenimiento de la actividad empresarial donada.

Una vez transmitida la empresa a mis familiares, puede que nos surja otra duda muy común “¿Puede el trabajador autónomo contratar a sus propios familiares?”

En las sociedades mercantiles existen limitaciones a la hora de poder contratar un trabajador por cuenta ajena cuando existe parentesco entre el administrador de la sociedad y la persona que se pretende contratar como asalariada, pero, aún así, es posible.

El caso de los trabajadores autónomos es diferente y no es posible la contratación directa de familiares, ya sean descendientes, ascendientes, cónyuge, hermanos, tíos o sobrinos, por afinidad, consanguinidad o adopción, hasta el segundo grado.

En estos casos, aquellas personas que quieran trabajar en el negocio o empresa familiar, y tengan parentesco directo con el autónomo, deben darse de alta en la Seguridad Social como autónomos colaboradores. No obstante, los hijos menores de 30 años o los mayores de esta edad que presenten más de un 33% de discapacidad, podrán ser contratados como asalariados, aunque no tendrán derecho a la prestación por desempleo.

El alta como autónomo colaborador es sencilla de tramitar, puesto que únicamente se tiene que acudir a una oficina de la Seguridad Social y solicitar darse de alta como familiar colaborador de un autónomo que, previamente, ya se ha dado de alta como tal ante Hacienda. Para ello, tendrán que adjuntar el DNI, el alta en Hacienda del autónomo familiar, así como el Libro de Familia.

Esta figura presenta bonificaciones en las cotizaciones frente al autónomo general, puesto que, durante los 18 meses posteriores al alta, únicamente abonan el 50% de la cuota de autónomos, y del 19 al 24, obtienen una reducción del 25%.

Otra de las ventajas que presenta la figura del autónomo colaborador es que no tiene que presentar declaraciones trimestrales de IVA ni pagos fraccionados a cuenta del IRPF.  Únicamente debe presentar su declaración de IRPF anual y las cotizaciones a la Seguridad Social -además del salario- correrán a cuenta del autónomo familiar del que dependa.

Por último, es necesario indicar que el autónomo colaborador, al igual que ocurre con el autónomo ordinario, no tiene derecho a la prestación por desempleo.

Nuestra recomendación desde ABA Abogadas es que antes de formalizar la transmisión a los familiares, para evitar sustos y sorpresas, tanto donante como donatarios y familiares que quieran trabajar para la empresa se informen de los requisitos y los beneficios concretos que establece cada comunidad autónoma para llevar a cabo la donación o sucesión del negocio familiar.

 Tania Pose

Abogada en ABA Abogadas

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