Rescatando la memoria de las grandes espías, asesinas e impostoras

Cada 8 de marzo se rememora a las grandes luchadoras por los derechos de la mujer, pero también hay hueco para resucitar el recuerdo de aquellas que hicieron lo que les vino en gana, escandalizando a propios y extraños con sus actos poco ortodoxos y, muchas veces, delictivos. Asesinas, impostoras, estafadoras y amantes infieles merecen, para bien o para mal, el lugar que les corresponde en nuestra memoria.

Escandalosas: 80 mujeres de armas tomar, el último libro de Susana Peiró, creadora de Mujeres con Historia -uno de los blogs más visitados en la blogósfera de habla hispana-, recoge la vida de algunas de estas mujeres unidas por un mismo denominador: la sangre fría.

Belle Gunness: Asesina en serie

En La Porte, Indiana, el 28 de abril de 1908, tuvo lugar un aparatoso incendio imposible de sofocar. La intensa humareda impidió el rescate de las víctimas. En apenas unos minutos, la casa habitada por Belle Gunness y sus tres hijos se derrumbaba entre inmensas llamaradas. No muy lejos de allí, una mujer espiaba la dantesca escena. Solo cuando el fuego doblegó la última pared, su figura corpulenta y elegante se perdió en aquel amanecer, dando comienzo a la leyenda de Belle Gunness, la implacable asesina en serie que se llevó por delante, entre otras, la vida de sus dos maridos.

Espías en la sombra

Stephanie Julianne von Hohenlohe, la espía del Führer, comparte profesión en el libro con Betty Pack. Lo cierto es que Sir William Stephenson, célebre maestro de espías que inspiró el personaje de James Bond, tuvo una alumna ejemplar entre los cientos de discípulos que entrenó para prestar servicio en la BSC (Coordinadora de Seguridad Británica).  Betty Pack, más conocida por su nombre en código «Cynthia», bien pudo ser la versión femenina del apuesto y conocido agente 007. Inteligente, carismática, audaz, adicta a la adrenalina y seductora nata, la mujer que para muchos cambió el curso de la II Guerra Mundial, no dudó en usar métodos poco convencionales en sus misiones y obtuvo su «licencia para amar».

La estafadora del siglo

Yates, mansiones en el campo, empresas fantasmas y «miles de esos sombreros horribles con frutas y plumas que la mujer adoraba» fueron moneda común en la novelesca historia de Thérèse Humbert, la estafadora francesa que, en siglo XIX, embaucó y timó a jueces, banqueros, amantes, modistos y joyeros que se cruzaron en su camino. Después de 20 años engañando con maestría a la sociedad parisina, tuvo que poner pies en polvorosa y se refugió en Madrid, donde sería juzgada. «Aunque la llamada estafadora del siglo no tuvo belleza, le sobró imaginación. El tremendo escándalo que desató esa mujer casi derriba la III República». Esta timadora llegó a deberle dinero a la misma emperatriz, Eugenia de Montijo.

«Crimen Perfecto»

-¿Qué quiere esta mujer? -preguntó el director de Le Figaro al ver la tarjeta de su visitante. No sospechó que serían sus últimas palabras. Un instante después, la elegantísima esposa del ministro de Finanzas de Francia irrumpió en su despacho, lo saludó brevemente y, sin pestañear, disparó seis balas en el pecho del hombre con un revólver. Luego, Henriette Caillaux se inclinó sobre el cuerpo y le escupió en el rostro. Esto ocurría el 16 de marzo de 1914, en respuesta a un artículo publicado contra el honor de su esposo. En el juicio que siguió, el abogado de Henriette, famoso por haber representado a Émile Zola y Dreyfus, apeló a la idea romántica de que las mujeres eran gobernadas por sus emociones: «Ella fue víctima de la desenfrenada pasión femenina». En tiempos de estereotipos, un jurado compuesto por hombres le creyó, y Madame Caillaux fue absuelta un mes antes de que los cañonazos de agosto anunciaran el fin de la brillante belle époque y el comienzo de la I Guerra Mundial.

La madre «licenciosa» de Winston Churchill

Tres maridos y doscientos amantes -incluyendo el rey Eduardo VII de Inglaterra, el rey Milan I de Serbia y el príncipe alemán Karl Kinsky- compartieron lecho con Jennie Churchill, apodada «la Pantera». «Suave, elegante y hermosa, con un fuego cautivador en los ojos y la sensualidad tatuada en la piel. Jennie hizo honores a su apodo, pero no solo fue una fiera para los hombres que la admiraron, también fue madre de otro interesante animal político: el bulldog británico Winston Churchill».

Christine Keeler, la Pretty Woman de los años 60

Fue amante de aristócratas y ministros ingleses y espías rusos simultáneamente. Compartió, no solo sus sábanas, sino también sus secretos de Estado, y se convirtió en un «arma letal» con la información robada entre besos y caricias. «Con un pasado de niña desnutrida y adolescente “deshonrada” por su padrastro», Christine Keeler se convirtió en una superviviente que hizo del amor una forma de vida y un salvoconducto para su libertad. «La red de espías de la KGB en Londres, los secretos nucleares británicos, la prostitución, las drogas y las fiestas con excesos y orgías de aristócratas y políticos», fueron los ingredientes de la agitada vida de quien protagonizó el desnudo más sensacionalista del momento.

ESCANDALOSAS: 80 mujeres de armas tomar, de Susana Peiró

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  1. 6 marzo, 2019

    Precioso libro!! Es un placer leerlo!!
    Muchas felicidades Susana.
    Besicos muchos.

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