Carmen Maroto, “catedrática de los virus” y defensora de que la inteligencia es cuestión de neuronas, no de hormonas

Mujer del año en Europa en el 2000 y primera en presidir una Academia de Medicina, la de Andalucía Oriental, es reconocida por sus trabajos en microbiología

Antes de saber que el 31 de marzo se celebraba el Día Internacional de la Visibilidad Transgénero, ya había devorado las dos primeras temporadas de la serie POSE, un homenaje, muy bien construido desde la comedia dramática, a la comunidad transexual latina y afroamericana que, en el Nueva York de los años 80 en adelante, encontró en la cultura del Ball un modo de vida y de subsistencia en un entorno hostil. Un mundo propio, transgresor y subversivo, en el que nació un nuevo estilo de baile, el vogueing, que consistía en hacer movimientos de manos y brazos simulando una sesión fotográfica. Este se hizo famoso en los 90 gracias al mayor éxito internacional hasta entonces de la reina del pop. Con Vogue de Madonna, los Balls dejaron de formar parte de la cultura underground.

En medio de este escenario de fantasía y lentejuela, la producción nos lleva al origen de uno de los virus que mayor impacto ha causado en la historia de la humanidad. Desde que se diagnosticaron los primeros casos en EE.UU. en la década de los 80, ha provocado la muerte de 39 millones de personas y se estima que en torno a 78 millones han sido infectadas. Hoy en día, sigue habiendo más de 36 millones de casos en el mundo, pero la tasa de mortalidad es infinitamente menor gracias al avance de la medicina. Me refiero al VIH-SIDA, descubierto y combatido por la bioquímica francesa, ganadora del Premio Nobel de Medicina, Françoise Barré-Sinoussi.

Que virus como el SIDA y otros de transmisión hemática estén ya controlados, aunque no vencidos, es fruto del trabajo continuo de investigadores de numerosos puntos del planeta. A uno de ellos, Granada, llegó hace más de 40 años la Doctora en Medicina y Cirugía María del Carmen Maroto Vela, que, nacida en plena Guerra Civil en la capital española, ha dedicado toda su trayectoria profesional a otras batallas, en el terreno de la microbiología.

Conocida como la “Catedrática de los virus” de la UGR, cuenta con más de 270 artículos en revistas, 400 aportaciones a Congresos y ha dirigido casi una decena de tesis doctorales. Sus investigaciones se han centrado en la respuesta inmunológica frente a diferentes virus, sobre todo el sida o la hepatitis B. Doña Carmen, como la llamaban sus alumnos en la Universidad, ha sido la primera mujer en presidir una Academia de Medicina, la de Andalucía Oriental, en sus más de 280 años de historia, y es miembro numerario de la Real Academia Nacional de Medicina.

En su discurso de toma de posesión en esta última, pronunciado en 1999, aseguró que: “Dentro de la Medicina, los microorganismos suelen ser el ángel bueno (el bien) y el ángel malo (el mal), respectivamente. El ángel bueno estaría representado por el conjunto de microorganismos que solo reportan al ser humano beneficios, como la acción sobre los procesos fermentativos, sobre el ciclo de la vida, etc. El ángel malo estaría formado por pequeños seres responsables de enfermedades o aquellos otros que, siendo manejados por seres humanos, también causarían muerte y destrucción”.

Maroto, además de ser jurado durante años del Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, también los ha recibido en primera persona. En el año 2000 le concedieron la Medalla de Plata de la Universidad de Granada y fue elegida Mujer del año en Europa. Más recientemente, en marzo de 2020, ha recogido el Premio Concha Caballero de la Universidad Internacional de Andalucía, que reconoce a mujeres destacadas en ámbitos como la investigación, la cultura o la participación social. Afirma que el hecho de ser mujer no ha condicionado su carrera profesional, ni le ha supuesto ningún obstáculo, defensora férrea de que la inteligencia no es cuestión de género: “las mujeres no debemos transformar lo que somos, no renunciar a nuestras neuronas. Pero tampoco olvidar nuestras hormonas, porque están ahí”.

Sobre el nuevo enemigo que nos amenaza, el Covid-19, ha declarado que “aún nos queda mucho por saber, pues los virus por lo general son muy mutantes e inteligentes”. De ahí que la lucha contra el coronavirus necesite de muchas neuronas unidas como las suyas.

Isabel Bermejo

Periodista y Consultora de Comunicación

 

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