“He aprendido que al final todo tiene una consecuencia positiva”

ALMUDENA TRIGO. BEABLE CAPITAL

Con una amplia trayectoria internacional y marcado carácter multidisciplinar, Almudena Trigo es la cofundadora, junto a David López, de BeAble Capital, una compañía que tiene el objetivo de aplicar todo su conocimiento técnico, su visión del modus operandi de la ciencia española y su experiencia en transferencia tecnológica -a través de la transformación de desarrollo científico en alta tecnología industrial- en iniciativas de negocio capaces de generar y de fortalecer el tejido industrial español.

Es Ingeniera de telecomunicaciones y Doctora en Biología Molecular. ¿Qué tienen en común estas dos disciplinas?

Sí, siempre me lo preguntaba la gente, que hace una Ingeniera de Teleco haciendo un doctorado en Biología Molecular, “pero chica, no has estudiado ya suficiente”. Pues la conexión la tienes en lo que se denomina Biología Sintética. Yo siempre he querido que lo que hiciera me apasionara, que estuviera convencida que servía para algo en lo que creyera. Y esta mezcla de disciplinas me fascinó. En aquel entonces, era una especialidad muy incipiente que se estaba empezando a desarrollar en EE. UU., y en España todavía no había ninguna “estructura o titulación académica” que te permitiera desarrollarla o profundizar en ella. Pero eso no me iba a frenar. Como la Biología Sintética es en gran parte la aplicación de la teoría de circuitos (que ya me habían enseñado durante la carrera) utilizando material biológico en lugar de electrónico, pensé que, si aprendía biología, ya tenía el pack. Y así lo hice, busqué la manera de hacer un doctorado en Biología Molecular.

Detrás de todo lo que hace se refleja una gran vocación. ¿Cuándo y cómo nació?

Yo creo que en tu vida vas teniendo personas y experiencias que te marcan y te hacen ser de una determinada manera. En mi caso, mis padres siempre me transmitieron que, hiciera lo que hiciera, siempre lo hiciera estando a gusto conmigo misma. Mi abuelo Pepe, me enseñó que no me diera miedo intentar las cosas, que seguramente me requerirían mucho esfuerzo y dedicación (siempre me decía que “nadie daba duros a pesetas”) pero que siempre fuera detrás de lo que pensara que merecía la pena. Mi paso por Teleco me forjó un gran carácter de lucha y superación. Y lo que he aprendido en mi trayectoria profesional es que, aunque parezca que las cosas han salido mal, al final todo tiene una consecuencia positiva, o al menos eso es lo que he sacado yo en claro.

Ha fundado junto a David López, BeAble Capital, ¿con qué objetivo?

Juntos ideamos y arrancamos el proyecto. Queríamos que las tecnologías salieran de los laboratorios y llegaran a las personas, ya que la ciencia puede dar respuesta a los grandes retos a los que se enfrenta la sociedad. Posteriormente, Alberto Díaz y Roberto Ranera se sumaron a esta aventura, y junto a un extraordinario equipo de profesionales que componen BeAble, estamos tratando de dar a la Ciencia el lugar que se merece:  hacer de la Ciencia uno de los motores económicos de un país.

“Estamos tratando de hacer de la Ciencia uno de los motores económicos de un país”

Desde su observatorio, ¿cómo es el actual tejido industrial español?

Nuestro tejido industrial está menguando y con un porcentaje muy elevado focalizado en industrias muy poco disruptivas y con muy poca base innovadora, por lo tanto, con un relativo valor añadido y muy sensible a la competencia que venga del exterior. A todos los efectos, de momento somos periféricos en cuanto a las corrientes de vanguardia de las grandes industrias que se están desarrollando (lo que se denomina alta tecnología, como, por ejemplo: microelectrónica, fotónica, materiales avanzados, nanotecnología, etc.) y que serán claves para definir la competitividad entre las naciones y el bienestar de las mismas. Y esto a pesar de que nuestra ciencia sí está en la vanguardia de esos campos que hacen posible esas grandes industrias que indicaba, cosa que muy pocos países pueden decir. Nuestra industria lleva más de una década reduciendo su peso en el PIB español, y la inercia de su declive es marcado e incluso entre regiones, la disparidad es enorme. Se da, además, el caso de que las regiones con mayor porcentaje de la industria en su PIB cuentan con una mayor renta media disponible entre sus habitantes. Esta serie de factores pone de relieve que la industria es un sector clave en un país para la generación de empleos y el aumento de su competitividad, bienestar y estabilidad. Al igual que en otros países europeos, en España se ha producido un proceso de terciarización que ha reducido la relevancia del sector industrial a un actual 16%, según fuentes de Eurostat, cifra que sigue menguando. Es importante trabajar para dar la vuelta a estos números. Y tenemos que hacerlo apostando por una industria avanzada tecnológicamente y sostenible, que descanse principalmente sobre las bases de la física, la química y la biología, que surja de centros de investigación de primer nivel y que haya sido objeto de una adecuada transferencia tecnológica. Tenemos una oportunidad clara para revertir la tendencia tan negativa en la que se encuentra nuestra industria.

Ciencia e industria ¿se necesitan mutuamente?

Sí, están obligadas a entenderse. Cualquier desarrollo industrial nace de una aplicación inventiva cuya base de manera implícita o explícita es la ciencia. Toda gran industria hoy en día es consciente de la importancia de la ciencia para su existencia y su relación con científicos de primer nivel es intensa. En España hay ya una dilatada experiencia en esa relación ciencia-industria, que aún tiene que evolucionar más. Por suerte, España se posiciona como el 10º país a nivel mundial en producción científica, y el 11º en impacto de sus publicaciones, que es uno de los baremos principales para medir si la ciencia es de calidad o no. En la mayoría de los campos más importantes para la industria estamos incluso por delante de gigantes económicos como la India, Canadá, Australia, China, Escandinavia, etc. Tenemos una muy buena Ciencia afortunadamente, como indicaba antes. España tiene los mimbres para transformar esa base científica con la que cuenta en Industria de alta tecnología. Solo así podremos potenciar ese tejido industrial tecnológico y sostenible del que hablamos anteriormente, que es uno de los objetivos que buscan desde hace años la Unión Europea, el propio Estado Español y algunas de nuestras regiones.

¿Cuáles son los ámbitos donde prioritariamente habría que invertir y trabajar en España en estos momentos: salud, movilidad, ciberseguridad, Inteligencia Artificial, energía, medioambiente…?

En España estamos en un punto en el que estamos generando todas las piezas necesarias para que exista un ecosistema que vaya generando empresas industriales basadas en la ciencia como herramienta de innovación estratégica en el ámbito global. Ese ecosistema está formado por: centros de investigación con foco en transferencia de tecnología, inversores especializados en transferencia de tecnología, industrias compradoras de nuevas tecnologías industriales y, podríamos añadir como transversal a todos ellos, el capital humano cualificado y preparado para ese ámbito tan completo y especializado que es el “arte” de convertir la ciencia en capacidad industrial instalada.

Yo creo realmente que tenemos las cuatro piezas necesarias en distinto grado de madurez y fuerza, pero que necesitamos trabajar para reforzar el eslabón más débil, que son los escasísimos inversores especializados en transferencia de tecnología, que es a lo que nos dedicamos en BeAble de manera pionera en Europa y en España. Esperamos que en unos años surjan más inversores que aúnen criterio financiero y científico en el entorno industrial. Estos inversores seremos los que haremos que todo el ecosistema se dirija en unos plazos adecuados a los ámbitos de industria más relevante por lo que es importante reforzar su papel y empujar para que tengan cada vez más músculo para poder identificar esos ámbitos de manera dinámica y eficiente. Si bajamos al campo concreto de las distintas industrias, desde mi punto de vista no se trata de focalizarse en un solo sector, se trata de potenciar una industria diversificada, tecnológica y puntera. Lo importante es que en España tengamos empresas disruptivas a nivel internacional y que, además de tenerlas, sepamos hacer un buen marketing de ellas a nivel global. Empezar a posicionarnos como un foco de empresas y tecnologías de primer nivel.

“Las cosas se pueden cambiar desde arriba (desde los gobiernos) o desde abajo (desde de la acción de cada una de las personas)

¿Son ya casos de éxito las empresas en las que BeAble Capital ha venido invirtiendo? ¿Podría hablarnos de resultados?

Es cierto que ya tenemos empresas que están empezando a traccionar en el mercado y a tener una buena aceptación, sus productos atraen clientes de todo el mundo, grandes multinacionales nos preguntan con mucho interés y vienen a visitarnos, fondos de inversión de Europa y USA nos preguntan habitualmente sobre el alcance de nuestras tecnologías por si surgiera una oportunidad de invertir conjuntamente e instituciones científicas de primer nivel de España, y también de fuera, muestran de manera activa su interés en que apliquemos nuestro modelo de inversión en sus tecnologías. Todo lo anterior y el hecho de tener ya 18 inversiones ejecutadas, pone sobre la mesa unos resultados muy positivos, logrados en un plazo de tiempo de tres años.  Pero hay que ser cautos en esto. Este tipo de empresas de base tecnológicas requieren de periodos de desarrollo largos para poder transformar una tecnología en un producto que cubra las necesidades de mercado y se posicione.

Partiendo de su experiencia, ¿cómo de importante es la conciliación?

En mayor o menor medida todos tenemos que compaginar nuestra vida laboral y personal. Si no estás bien en alguno de estos ámbitos, suele repercutirse en el otro. Por ello, es muy importante encontrar el balance entre estas dos dimensiones que a cada uno le da el equilibrio que necesita.

Por último, ¿es optimista con respecto a la Agenda 2030?

A pesar del enorme reto que supone, me muestro optimista en algo en lo que, por otro lado, no hay elección. Es ilusorio pensar que es posible un mundo que no sea sostenible en un plazo corto tal y como nos muestran los acontecimientos que cada semana sacuden el mundo, aunque sorprendentemente estamos acostumbrándonos a ello. Por ejemplo, el cuarto país más poblado del mundo, Indonesia, ha anunciado recientemente sus planes para modificar su capital de 30 millones de personas, ya que Yakarta tiene problemas inmanejables como consecuencia de factores de insostenibilidad. La Agenda 2030 marca los objetivos a lograr para tener un mundo más sostenible. Los gobiernos y organismos tienen un papel importante para conseguirlo. Pero es vital que cada uno de nosotros desde nuestro trabajo y la manera en la que actuamos en nuestra vida contribuyamos a estos objetivos. Nadie puede mirar hacia otro lado ya que no hay un número de unos pocos “grandes” responsables, sino que todos tenemos algo que hacer por responsabilidad y obligación, no solo por nosotros, que también, sino por las generaciones futuras. La difusión de esta necesidad es clave, y creo que cada vez más, algunos en los países desarrollados estamos concienciados de los retos a los que nos enfrentamos (consumo responsable, contaminación, igualdad de género, etc.). Las cosas se pueden cambiar desde arriba (desde los gobiernos) o desde abajo (desde de la acción de cada una de las personas). Así que, además de exigir responsabilidad por parte de nuestros gobernantes, lo que nos toca a todos es remangarnos y esforzarnos en aportar nuestro granito de arena en favor de estos objetivos. Y cuando veo que está de mi mano cambiar algo, por lo general siempre soy optimista.

Anna Conte

Foto: José Morraja

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