El difícil equilibrio

Los resultados indican que el teletrabajo en tiempos de confinamiento está funcionando. Sin embargo, parece necesario implementar medidas de conciliación, un protocolo con el objetivo de gestionar el tiempo personal y profesional. Esta es una de las principales conclusiones del reciente informe ‘Teletrabajo en tiempos de COVID’ realizado por EADA Business School. La encuesta, realizada entre el 16 de abril y el pasado 8 de mayo, recoge las impresiones de casi 600 profesionales, directivos y empleados de Cataluña, que estaban trabajando bajo esta modalidad. El estudio ha contado con la colaboración de los investigadores y estudiantes del MBA, Edgar Quero y Luciano Strucchi.

El objetivo del análisis era conocer de cerca cómo estaban trabajando las personas en un contexto inédito, cuál era el grado de equilibrio entre vida personal y profesional, su nivel de satisfacción y qué futuro vislumbra a esta modalidad. La primera conclusión es que la implantación del teletrabajo ha supuesto un aumento de la jornada laboral para casi la mitad de los empleados. A pesar de todo, casi  un 80% le gustaría utilizar esta modalidad en el futuro.

En cuanto a la dedicación se refiere, el trabajo intelectual y las reuniones por videoconferencia han ocupado la mayor parte del tiempo y, para ello, la gran mayoría de los encuestados considera que, en general, ha recibido el apoyo de sus organizaciones.

Sin embargo, la implantación obligada de esta modalidad laboral a causa del COVID-19 ha puesto de relieve algunos serios inconvenientes como son las interrupciones, un espacio físico inadecuado para ejercer la actividad laboral, una preocupación latente por la magnitud de la crisis o los problemas de conectividad, entre otros. La dificultad a la hora de separar la vida profesional de la personal aumenta para aquellos que tienen personas a su cargo, sean mayores o niños, especialmente para las mujeres.

Los resultados indican que, en general, el teletrabajo en tiempos de confinamiento funciona pero, a largo plazo, es importante implementar protocolos, medidas de conciliación y gestión del tiempo para evitar el burnout. Por eso, aconsejaría que para introducir en el futuro esta modalidad se haga de forma moderada, voluntaria, y paulatina, no como ha sido en esta ocasión, obligado por unas circunstancias muy especiales.

Se han de establecer rutinas y trabajar por bloques, no en horario seguido. Hay que parar a mitad de la jornada para hacer deporte u otras actividades. Se han de evitar un exceso de videoconferencias que fatiguen, no haciendo más de dos al día. Se ha de establecer un límite de acceso al email/WhatsApp de trabajo, es decir, ni más ni menos, un horario limitado de conexión.

Es absolutamente necesario poder acordar las pautas de trabajo con tu equipo y/o tu supervisor al igual que tener momentos de transición entre actividad profesional y actividad familiar.

El teletrabajo ha venido para quedarse, es seguramente la frase más repetida últimamente. No por repetida es menos cierta pero  es evidente que si viene impuesta es muy diferente a que lo haga pactada. Y eso implica conocer más a fondo por parte de las empresas qué significa y que supone teletrabajar y establecer la necesaria confianza entre las partes, dirección y empleados, respetando los tiempos de cada parte y no olvidando que  la herramienta podría convertirse en un arma de doble filo. Parece que ha llegado la hora de regular el teletrabajo y es cuando empiezan las discrepancias. Tendremos que asumir que todo no será como antes pero que lo que venga tendrá que ser producto de un pacto y eso es lo que se antoja más difícil.

Aline Masuda

Investigadora y profesora de EADA Business School

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