La fortaleza

Hace unos días, leí un artículo en el periódico hablando sobre “la generación blandita”, haciendo referencia a niños hiperprotegidos que serán jóvenes sin capacidad de autonomía y decisión.

FOTO-SECUNDARIAb-1024x768-439x329-2-1-1Me alarmó y me hizo reflexionar mucho. Me preocupan aquellos padres que en la actualidad hacen todo “por y para” sus hijos. Para ellos, con el objetivo de favorecerles un camino seguro, evitando sufrimientos, sin valorar que es la seguridad. ¿Realmente seguro es anular los riesgos o saber descubrirlos para que sepan evitarlos? Por ellos, porque les hacen todo lo que consideran que necesitan sin contar con sus reales necesidades, y por consecuencia anula su capacidad y autoestima. ¿Cómo nos sentiríamos si hacen todo por nosotros sin dejarnos actuar?

Si queremos jóvenes que lideren sus vidas e inicien proyectos de manera autónoma, me hago la siguiente pregunta: ¿cómo lo vamos a conseguir si no les dejamos crecer? Los niños siguen un proceso evolutivo físico que asumimos como parte de su vida; pero les impedimos que tengan el mismo proceso a nivel psicológico, por lo que nos encontramos con jóvenes sin equilibrio entre la edad cronológica y la edad psicológica. El resultado: falta de autonomía y decisión.

Evitar que se caigan, impide que anden. Justificar por ellos todo lo que hacen, les impide ser responsable de sus actos. Ayudarles en aquello que creemos que necesitan pero no solicitan, les incapacita para conocer sus carencias.

Reflexionemos sobre estas palabras dejando a los chicos ser resistentes en su proceso personal. Acompañémosles en su camino pautando la resolución de sus problemas para que sean capaces de descubrir su camino. Una vez iniciado, hay que dejar que continúen, aunque a veces no sea el que nosotros deseamos.

Esta visión menos egoísta de nuestros hijos es la que les posibilitará liderar su vida conociendo sus capacidades y debilidades. Serán ellos quienes desarrollen la habilidad de pedir ayuda. Dejemos de poner en ellos nuestras expectativas, son ellos quienes deben establecer su meta.

Estas pequeñas pautas harán que nuestros jóvenes adultos gestionen sus emociones, desarrollen habilidades en la toma de decisiones, piensen de manera crítica y tomen decisiones autónomamente, asumiendo sus consecuencias.

Emprender un camino lleno de incertidumbre, que sepan descubrir, resolver los problemas que encuentren, gestionar el fracaso para seguir aprendiendo, será la clave de su éxito. La compasión es enemigo del avance.

Evitemos generaciones “blanditas” y potenciemos generaciones “resolutivas”.

María Cristina Hernández
Psychologist of Secondary and High School
Brains International School

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