La Inteligencia Artificial mejorará a la abogacía

Muchos abogados hoy en día asisten temerosos al progreso de la tecnología y, en concreto, a la irrupción de la Inteligencia Artificial en la prestación de servicios jurídicos. Perciben la amenaza de un enemigo que no viste de toga y cuyo conocimiento puede llegar a ser cientos de veces superior que el del abogado medio: los robots. Otros consideran que todavía se trata de ciencia ficción, si acaso de un entretenimiento, y que no afectará a su mercado. Por último, están quienes ven en ellos la oportunidad para mejorar el negocio.

Ni la resistencia al cambio en el sector legal ni la fascinación por los robots son conceptos de reciente creación. El ser humano siempre ha tenido presente el poder de la inteligencia no humana, el cine y la literatura han contribuido a la idealización de la Inteligencia Artificial, a menudo creando sociedades distópicas en las que una revolución robótica termina por arrasar a lo humano y, en general, la Inteligencia Artificial ha quedado relegada a un plano de fantasía.

Es ahora, con el desarrollo de la programación, la mejora de los algoritmos y los sistemas predictivos o el procesamiento de un ingente volumen de datos en tiempo récord cuando esta tecnología, que supera las limitaciones de la mente humana, ha terminado por aterrizar en nuestro entorno, en nuestra vida y, por supuesto, en las profesiones.

El escenario en el sector legal no es muy distinto. El uso de la tecnología de vanguardia es un Trendig Topic en la abogacía, que busca orientación sobre qué le deparará el futuro de la mano de la Inteligencia Artificial.

Hace poco leí un tuit muy gráfico sobre de qué hablamos cuando hablamos de Inteligencia Artificial. Era algo así: “La Inteligencia Artificial es como el sexo en la adolescencia: Todo el mundo habla de ello, nadie sabe realmente cómo se hace, pero todos piensan que otros lo están haciendo. Por eso, todos dicen que lo están haciendo”. Sin embargo, ya sabemos que algunos realmente lo están haciendo.

La Inteligencia Artificial es aquella tecnología que trata de imitar la inteligencia humana o las funciones clásicamente identificadas como propias de las personas, como aprender y resolver problemas.

Esta “inteligencia” abarca un amplio abanico de posibilidades técnicas, tales como el reconocimiento de voz, de imágenes o facial, procesamiento y generación de lenguaje natural basándose en datos, aprendizaje automático o Machine Learning, predicciones, sistemas de gestión de decisiones… para obtener resultados instantáneos que equivaldrían a muchas horas de trabajo del ser humano y con un grado de eficacia mayor.

La Inteligencia Artificial nos brindará la oportunidad de trabajar de forma diferente. Las tareas tediosas, la comparación de documentos, la valoración de riesgos, la búsqueda de jurisprudencia, entre otras tareas, se podrán realizar con mayor eficiencia gracias a la tecnología.

Pero la tecnología es el medio, no el fin

Las firmas de abogacía deben analizar lo que quieren sus clientes y en qué pueden basarse para mejorar el valor que les aportan. Las capacidades humanas y tecnológicas deben combinarse para avanzar en la calidad de servicio al cliente y una mayor eficiencia, en términos de tiempo y rentabilidad, para los propios abogados. Los próximos años veremos cómo la innovación rediseña el mapa del sector legal.

Para contratar a un abogado es imprescindible la confianza y eso no es algo que la Inteligencia Artificial pueda reemplazar fácilmente. Sin embargo, solo quienes estén abiertos al conocimiento podrán aprovechar la tecnología para no perder el tiempo con las tareas repetitivas, incrementando su eficiencia y permitiéndoles centrarse en actividades más creativas, que aporten más valor, y en la generación de relaciones de compromiso con los clientes.

Lidia Zommer

Socia Directora de Mirada 360º Marketing para Abogados

Artículo incluido en el número de octubre de la revista Agenda de la Empresa

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