La (no) urgencia de las reformas urgentes

Cuatro meses ha durado el plazo de presentación de enmiendas a la Proposición de Ley de Medidas Urgentes para el Trabajo Autónomo, tras sucesivas prórrogas al mismo. Un texto inicialmente sencillo, que no aborda cuestiones técnicas ni económicamente complicadas de aplicar y que sin embargo puede tener mucho recorrido en la realidad del colectivo lo cual hace incomprensible la situación de parálisis en la que se ha visto este procedimiento. ¿Por qué? ¿Por qué se atrasa algo calificado como urgente? ¿Por qué, si todos los partidos políticos alardean de su compromiso con los autónomos y autónomas y reconocen la necesidad de reformar el sistema actual, se ha atrasado de esta forma?

Si bien es cierto que el texto, como todos, es susceptible de enmiendas y, de hecho, desde UPTA hemos presentado hasta Inés-Mazuela-Rosado24, no era necesario, en absoluto, la dilación a la que se ha visto sometida. Ante las reiteradas reclamaciones que hemos realizado, las respuestas han sido variadas, aunque la más repetida ha sido la saturación de temas pendientes en la Comisión de Empleo en la que debe tramitarse que no daba cabida a abordar esta norma que, como decimos, su propio nombre lleva el adjetivo de urgente. Es decir, no se afronta porque hay mucho trabajo y, mientras, los que de verdad trabajamos lo seguimos haciendo, luchando por nuestros negocios, sorteando las muchas dificultades que, desgraciadamente, nos seguimos encontrando.

Al parecer, los escollos son otros. No existe acuerdo entre el Gobierno y el resto de grupos parlamentarios para resolver determinadas cuestiones por motivos de liquidez, lo que nos lleva a plantearnos que se sigue tratando a los autónomos y autónomas como meros recaudadores del estado. Al parecer, más de tres millones de españoles y españolas no merecen que se busquen soluciones a sus problemas porque el estado tiene que seguir recaudando.

De las medidas que recoge el proyecto, por ejemplo, se encuentra la posibilidad de cotizar desde el día efectivo del alta y no desde el primer día del mes, como ocurre en la actualidad. Esto supone que muchas personas se ven obligadas a pagar cotizaciones por días en los que no sólo no han trabajado, sino que ni siquiera han estado afiliados a la Seguridad Social. También recoge la norma la vuelta al sistema anterior de recargos progresivos en caso de retrasos en el pago de sus cuotas. El Gobierno actual modificó el sistema de recargos progresivos por un recargo fijo del 20% desde el primer día de demora. Pasamos, por tanto, de un 2% a un 20%, en un momento, 2012, en el que sufríamos lo peor de la crisis, sin acceso al crédito, coincidiendo con subidas de impuestos y con un descenso en el consumo alarmante. Tampoco parece querer permitirse que podamos cambiar nuestras bases de cotización cuatro veces al año frente a las dos permitidas hasta ahora. Si bien esta no es la solución deseada, que sería el poder cotizar según el rendimiento neto, al menos, permitiría una mayor flexibilidad, sobre todo en aquellas actividades sometidas a alta estacionalidad o variabilidad en los ingresos.

El pasado 7 de marzo, por fin, finalizó el prorrogado plazo para enmiendas, de las que más del 90% de las presentadas por UPTA han sido apoyadas por diferentes grupos, por lo que entrarán a debate y podrían ser aprobadas. Porque se trata de buscar una solución a un sistema que es injusto, insolidario y en absoluto progresivo, pero que al parecer, sí resulta bastante rentable. Desde luego, no para los hombres y mujeres que trabajan como autónomos y autónomas.

A pesar de todo, confiamos, y en ello seguimos trabajando con firmeza, en que podamos alcanzar el entendimiento entre todos los grupos parlamentarios para que esta Ley, como todas las relacionadas con los trabajadores autónomos, se apruebe con el mayor número de mejoras y por consenso. Porque lo necesitamos y merecemos.

Inés Mazuela Rosado

Secretaria General de UPTA-A

@InesMazuelaRo

 

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