Hedy Lamarr y el secreto de los torpedos

¿Sabéis por qué el “Día Internacional del Inventor” cae el 9 de noviembre? Como homenaje a Hedy Lamarr, que nació el 9 de noviembre de 1913 en Viena. Las personas mayores la recuerdan como una estrella de cine estadounidense de los años 40 y quizás por su agitada vida amorosa, pero probablemente desconocen la otra cara de la moneda, la que le mereció un premio del Instituto de Ingeniería Electrónica de Washington. Una historia verdaderamente aventurera, a veces atrevida. Después de haber alcanzado la fama a los 19 años con la película austriaca Éxtasis, la familia le había impuesto un matrimonio de conveniencia con el magnate Fritz Mandl, un fabricante de armas austriaco, amigo de Hitler y Mussolini.

Mandl la tenía prácticamente “prisionera” y Hedwig -se llamaba de hecho Hedwig Eva Maria Kiesler- supo aprovechar la soledad para continuar sus estudios de ingeniería y, con su inteligencia, sacar a los clientes de su marido algunos secretos sobre la tecnología de los armamentos. Cuando la situación se volvió insostenible por la persecución de los judíos -Hedy tenía raíces judías- comenzó a pensar en escapar. Huyó por la ventana del baño de un restaurante y logró llegar hasta París en coche, evadiendo a los guardaespaldas de su esposo. Posteriormente, se mudó a Londres y, desde allí, a  Estados Unidos. En Hollywood obtuvo la protección de Louis B. Mayer, de Metro Glodwyn Mayer, quien acuñó su nuevo nombre: Hedy Lamarr.

De esta forma, retomó su profesión como actriz, pero su espíritu como científica e inventora siempre estuvo alerta. En 1942, su pareja era el pianista y compositor George Antheil. Una noche, escuchándole tocar, Hedy ideó la forma de proporcionar a los torpederos americanos un sistema de control de radio indescifrable para el enemigo. Ella pensaba que las señales en una sola frecuencia eran fáciles de interceptar y bloquear. Por ello, se tenían que utilizar frecuencias cada vez distintas, imposibles de neutralizar, como las notas de una canción… George Antheil construyó una unidad de radio rudimentaria, llamado ‘Sistema secreto de comunicación’, y el Pentágono lo patentó en 1942 con el nombre de los dos. Hedy y Antheil lo hicieron para ayudar a su país de adopción en la lucha contra el nazismo. La marina no lo aprobó, porque era demasiado engorroso, pero en 1957 una compañía de alta tecnología, Sylvania Electronic, lo construyó: el invento de la actriz y del compositor se utilizó por primera vez en el bloque naval de Cuba en 1962. Hedy no ganó nada con su invento, pero no se arrepintió porque, según dijo, “mi objetivo era permitir que los torpedos estadounidenses hundieran los barcos alemanes con impunidad. No lo alcancé, pero la patente resultó ser preciosa tanto en la guerra como en la paz”. Los medios ignoraron este aspecto no despreciable de la vida de Hedy Lamarr, que se retiró en los años 50, y murió casi a los noventa en el año 2000. Sus cenizas fueron llevadas a Viena, por su deseo expreso.

En el premio a su memoria, el Instituto de Ingeniería Electrónica definió la patente como “una contribución importante a las más diversas tecnologías modernas, desde el radar hasta Internet“.

Anna Conte

Directora de Mujeremprendedora

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