La clave: el desarrollo del equipo

A menudo, se habla del trabajo colaborativo como elemento casi imprescindible en este mundo globalizado, donde el conocimiento se genera a pasos agigantados, la información está prácticamente al alcance de todos, y el uso de las tecnologías es parte de la vida cotidiana; un trabajo colaborativo donde no sólo se requiere trabajar juntos, sino que es vital el poder cooperar en el logro de una meta que no se puede conseguir individualmente.

Se nos dice que el trabajo colaborativo aumenta el aprendizaje al permitir que las personas ejerciten, verifiquen y mejorenDSC_8966 las habilidad mentales y el pensamiento crítico a través del análisis, la reflexión y el compartir la información durante el proceso de solucionar problemas. Se defiende, entre otras cosas, que desarrolla habilidades sociales y de trabajo en equipo porque estimula la actividad solidaria y la responsabilidad individual y colectiva a través del trabajo grupal. Sin embargo tuve la oportunidad de estar presente en la gestión de un proyecto donde iba como experta y me integraba en un equipo de trabajo colaborativo. Después de alguna sesión improductiva y un poco cansada de las pérdidas de tiempo, tiré de mi mochila de herramientas y sin pedir permiso me puse a hacer preguntas indiscretas.

¿Esto os ocurre a menudo?, ¿soléis tener claro el objetivo? Realizáis mucho esfuerzo para lograr tan pocos resultados, ¿no os parece? ¿Quién sigue cada una de las tareas que asignamos? ¿el entusiasmo es siempre el mismo? Es tan poco, afirmé con contundencia. ¿Os han dado algún curso de comunicación? ¡Falta os hace! Percibo que hay poca confianza entre vosotros… En fin, chicos, habrá que hacer algo, ¿no os parece? Se hizo un silencio incómodo y entonces propuse una serie de alternativas para construir y desarrollar nuestro equipo. Todos estos planteamientos guardan una estrecha relación con el “no trabajar en equipo”. Al hablar de trabajo colaborativo como tendencia, escondemos la oportunidad de hacerlo bien y pierde su importancia; puede resultar incómodo para algunos, por el nivel de compromiso que exige y porque, además, esa zona de confort, que da el equilibrio a los mediocres, se tambalearía ante semejante reto. Ese es el punto de partida, aprender a trabajar y desarrollar al equipo; es el primer paso a la implicación y al compromiso y, por supuesto, a focalizar entre todos un objetivo común que permita desarrollar al equipo colaborativamente. Trabajar en equipo es una “forma de hacer”, es un estilo de realizar una actividad laboral, es asumir un conjunto de valores, es conseguir un espíritu que anima un nuevo modelo de relaciones entre las personas. Es la participación plena en el trabajo basado en la confianza, en la comunicación, en la sinceridad y en el apoyo mutuo. Se potencia la interdependencia activa, consciente y responsable de sus miembros, que los integra en asumir la misión del equipo como propia, de planificar y realizar conjuntamente las tareas; también la solución de conflictos que se generan en el seno del equipo, siendo una oportunidad de crecimiento y una reflexión constante de los procesos que se llevan a cabo, lo cual permite el aprendizaje permanente.

Los miembros de un equipo se consideran personas completas que aportan su hacer, su pensar y su sentir al grupo. El liderazgo es compartido por varios, según necesidades. Sus miembros están involucrados y conocen y negocian las contribuciones de cada uno a la tarea común. La comunicación es abierta, comprometida y honesta ,donde se discute y se negocia. El equipo asume que el conflicto es parte de su vida y lo resuelve constructivamente. Es en este momento cuando el equipo puede enorgullecerse de que puede trabajar de manera colaborativa. Debe quedar suficientemente claro, trabajar en equipo es un proceso largo. Conseguirlo es un gran reto, ¿a qué esperas para comenzar?

Ana Herrero

Directora en Andalucía de Montaner & Asociados

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