Esta malagueña fue la primera mujer del mundo en ejercer como abogada defensora en un tribunal militar y una de las tres primeras diputadas en las Cortes Españolas

Basta echar un vistazo a las noticias de los últimos días, o semanas, o meses, para percibir un cierto retroceso en las libertades de las mujeres, un retroceso a veces impuesto a nivel social, quizás por el devenir de acontecimientos desagradables que han hecho que el miedo o la desconfianza se instale entre el sector femenino de la población. En este contexto, resulta inspirador el recuerdo de figuras que mantuvieron, ya desde el siglo pasado, un discurso abierto en favor de la mujer, en ocasiones incluso mal entendido, y de la instauración de leyes con las que poder protegerlas. Siempre del lado de los más desfavorecidos, las preocupaciones sociales de la malagueña Victoria Kent se unieron a una intensa actividad política, pero principalmente a sus grandes méritos en la defensa de derechos y libertades en una época convulsa.

De familia humilde con tendencias liberales, Kent dejó su Málaga natal a principios del siglo XX para ser pionera en muchos ámbitos, abriendo camino a otras mujeres que siguieron su legado. Fue la primera en ingresar en el Colegio de Abogados de Madrid, como también hiciera posteriormente Clara Campoamor, convirtiéndose ambas, junto a Margarita Nelken, en las tres primeras diputadas en las Cortes Españolas, en una etapa histórica en la que la población femenina aún no tenía derecho al voto, pero sí podía ser elegida para ostentar este cargo en un mundo hecho a medida del hombre.

Entre sus muchos logros, Kent se convirtió en la primera mujer con bufete propio en Madrid y pionera en el mundo en ejercer como abogada defensora en un tribunal militar, consiguiendo además la absolución del acusado. En 1931 fue nombrada Directora General de Prisiones, sentando así por entonces un precedente a nivel internacional, y llevando a cabo una reforma penitenciaria marcada por importantes hitos relacionados con la humanización en las condiciones de vida de los reclusos, la profesionalización del funcionariado de prisiones, incluyendo la creación de un cuerpo femenino de funcionarias y la orden de construcción de la Cárcel de Mujeres de Ventas en Madrid.

Defensora de la igualdad retributiva entre hombres y mujeres

Aunque, probablemente, Kent sea más conocida por su acalorado debate con Clara Campoamor en 1931 en favor del aplazamiento del sufragio femenino, hasta que la mujer fuese más independiente con respecto al hombre y a las creencias religiosas imperantes, la malagueña fue una fiel defensora de algunos derechos que protegieran y dignificaran a la mujer. Así, participó de forma activa en otros aspectos en la configuración de la Constitución republicana del 31, presentando algunas enmiendas y rebatiendo otras tantas. Una de ellas fue precisamente la que abogaba por la equidad salarial entre el sexo femenino y el masculino. Lamentaría, no obstante, que finalmente el artículo 46 de la Constitución aprobada regulara el trabajo de las mujeres, pero sin garantizar la igualdad con respecto a los hombres.

Pese a la lucha de mujeres como Kent, esta sigue siendo una reivindicación en pleno siglo XXI. Este es el motivo de que cada año se celebre el Día Europeo de la Igualdad Salarial, con el que simbólicamente se quiere poner de manifiesto que las mujeres ganen en torno al 16% menos que los hombres en la Unión Europea, un 14,2% en España en 2017, triplicando esta brecha salarial con respecto a otros países como Luxemburgo, Rumanía o Italia. Prueba de que hay que continuar la senda de quienes trataron de dejar una huella positiva en las generaciones femeninas posteriores.

Isabel Bermejo

Consultora en Grayling Comunicación