Huertos urbanos como forma de afrontar el compromiso de las empresas con el planeta

Debatir sobre el papel que juegan las empresas en la sociedad es parte del pasado. Es el momento de pasar a la acción y predicar con el ejemplo, emprendiendo proyectos más allá de los balances financieros y de los mercados y que tengan a los empleados como protagonistas, de manera que sientan que, a través de sus acciones, están ayudando a construir un mundo mejor.

Independientemente de su tamaño y actividad, las empresas tienen la obligación de ser socialmente responsables y contribuir a la sociedad con la creación de valor compartido en su ámbito de actuación, sea éste el que sea.

Porque el valor de una compañía, además de estar en su marca, está de forma inherente en su capital humano, intelectual y social y en su integración en el medio natural. Por ello, es vital para las empresas trabajar en iniciativas encaminadas a impactar de manera positiva en sus trabajadores, en su entorno y en la sociedad. Y todo ello, siguiendo la estela de la Agenda 2030 de la ONU para el Desarrollo Sostenible, desde el sano convencimiento de que las entidades privadas pueden y deben aportar un importante grano de arena en el impulso de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

El ODS-11 pone el foco en la necesidad de construir ‘Ciudades y comunidades sostenibles’ y una buena forma de conseguirlo, o al menos de ir por el buen camino, es fomentar la creación de espacios verdes en medio de grandes ciudades. Ejemplo de ello son los huertos urbanos que se están implantando dentro de las empresas que, además de aumentar la conciencia ecológica de los trabajadores, ofrecerles el contacto directo con el medioambiente y el consumo de productos de temporada, son un auténtico sumidero de CO2 con los que contribuir a la reducción de la huella de carbono.

En VASS también contamos con uno, concretamente, con el más grande dentro de una empresa en España. Desde su puesta en marcha el pasado mes de junio ha dado unos frutos excelentes. Y no solo comestibles, ya que este proyecto se lleva a cabo con la colaboración de una entidad social como la Fundación Juan XXIII Roncalli para la discapacidad intelectual. Así pues, los beneficios no se miden únicamente en cifras, sino en satisfacción, aprendizaje, experiencia, convivencia y complicidad.

Si a esto sumamos el bienestar y desconexión que supone para los empleados de la empresa, que puedan dedicar durante su jornada laboral tiempo para realizar tareas en el huerto, nos encontramos con que estamos ante un completo proyecto de RSC con el que conseguimos un triple beneficio: cuidado del medioambiente, aprendizaje de personas con capacidades diferentes y contacto directo con la naturaleza.

Sonia Domínguez

Responsable del Área de Medio Ambiente de VASS

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