Cómo proporcionar un cuidado extra a la piel en los meses de frío

Las cremas especialmente humectantes y reparadoras son las más eficaces para aliviar los efectos del frío y la ciudad en la piel

Días más cortos, temperaturas más bajas y una piel más vulnerable a los efectos del frío debido a la deshidratación que provoca el descenso de los termómetros. Con el frío nuestra piel se oxigena peor, puesto que se reduce el flujo de sangre en las capas más altas de la dermis para que nuestro organismo pueda mantener constante la temperatura corporal interna.

Este es el motivo por el que en invierno la piel de las zonas más expuestas al ambiente (cara, manos, extremidades…) se seca más y se protege peor del exterior, necesitando un aporte extra de hidratación para contrarrestar este efecto. “Las bajas temperaturas producen lesiones aparentemente invisibles en la piel, pero que son reales, y se traducen en impurezas, piel de aspecto más opaco, pigmentaciones, sequedad importante en extremidades, manos y pies, (incluso eccemas por esta sequedad) y precoces marcas y líneas de expresión en la cara”, ha explicado Cristina Villegas, jefa del Servicio de Dermatología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.

La mejor prevención contra estos problemas es la aplicación estratégica de cuidados. “Mientras duran los meses de frío se pueden usar aceites o cremas más untuosas que contribuyan a recuperar de manera eficaz el manto hidrolipídico de la piel, que se corresponde con la mezcla de agua y grasas específicas que recubren la epidermis y evitan la evaporación del agua de su interior, protegiéndola de las agresiones externas que la dañan”, añade la especialista.

Además, aunque en esta época del año hay menos horas de exposición solar, sigue siendo importante proteger la piel de las radiaciones con, al menos, un factor 20 en cara y manos. Para el rostro, por ejemplo, es recomendable usar una crema hidratante diaria o maquillaje que contengan filtro solar. Si, además, optamos por las lociones especialmente humectantes y reparadoras, aliviaremos de forma más eficaz los efectos del otoño y la ciudad en nuestro rostro, al que también podemos ayudar con mascarillas hidratantes dos veces por semana.

Pese a que suele estar cubierta y bien protegida del frío, el resto de nuestra piel también puede verse afectada por el cambio de estación. Sobre todo, en aquellos momentos en los que la bajada de temperaturas se produce de forma brusca o cuando, debido a que el frío reduce significativamente la sensación de sobreexposición a los rayos de sol, nos olvidamos de aplicar la protección adecuada.

Aparte del cuidado externo de la piel, también se puede contribuir a su bienestar con un consumo adecuado de agua (dos litros diarios recomendados para ayudar a mantener la hidratación de la piel de manera natural) y descansando un mínimo de ocho horas durante la noche.

Protocolo de limpieza facial

Al ser la parte de nuestro cuerpo más expuesta al frío y a la contaminación, es esencial que adoptemos un protocolo de limpieza específico para el rostro que debe comenzar por una limpieza en profundidad tanto por la mañana como por la noche.

El objetivo de la limpieza nocturna es eliminar las células muertas y las partículas de polución y suciedad que obstruyen los poros y provocan impurezas, mientras que la limpieza diurna persigue limpiar la epidermis de los restos de grasa que se hayan podido segregar durante la noche y preparar la piel para sobrellevar la jornada. “Si bien las dos limpiezas son esenciales para mantener el equilibrio de la piel, la nocturna es quizás la más importante, debido a que con ella se retiran de la piel los restos de cualquier cosmético, sudor, y partículas de polución que se hayan podido quedar adheridas a la piel”, apunta la Dra. Villegas.

Gracias a esta rutina de limpieza facial, los productos empleados para la hidratación penetrarán mejor en la piel y se lograrán unos mejores resultados.

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