Sólo el 13% de las cátedras universitarias las ostentan mujeres
Sólo el 13% de las investigadoras españolas ostenta en la actualidad una cátedra, el escalafón más elevado en el ámbito docente e investigador de las universidades españolas, frente a una presencia de varones tres veces superior en dicha categoría profesional. Los datos de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) correspondientes al curso 2002-2003 recogidos en el informe Mujer y Ciencia: la situación de la mujer en el sistema español de ciencia y tecnología (Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, Fecyt).Según la misma fuente las mujeres representan el 34 por ciento del profesorado universitario nacional. De ellas, tan sólo el 3,61 por ciento accede al más alto escalafón docente; una de cada tres trabaja como profesora titular, asociada o ayudante, y el resto, más de la mitad, se queda las categorías más bajas y no permanentes. En el caso de los hombres, más del 50 por ciento logra puestos permanentes y el 13 por ciento llega a catedrático, más del triple que sus compañeras. En el caso del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) la proporción de investigadoras también es de una a tres respecto a los varones (32 por ciento del personal funcionario). De los tres niveles profesionales (titular o básico, investigador o profesor), sólo en el de base el porcentaje de mujeres es cercano a la paridad (38,92 en 2004). La representación de las mujeres en los estratos más elevados de esta entidad se reduce al 15 por ciento. El informe de la Fecyt denuncia que bajo la dificultad de la mujer para promocionar en el sistema español de ciencia y tecnología, –achacado durante décadas a la tímida presencia femenina en la vida académica– subyacen cuestiones de carácter sexista. Un estudio histórico realizado en el CSIC por la profesora Paloma Alcalá en 2002 revela que desde 1981 la presencia de mujeres en los estratos del poder apenas se ha incrementado en relación con la incorporación de investigadoras a esta entidad desde entonces. Y los datos más recientes descartan la discriminación jerárquica dado el equilibrio entre la productividad científica obtenida entre hombres y mujeres en un sistema de promoción altamente meritocrático. Veintidós años después la proporción de licenciadas universitarias era del 59,5 por ciento. Muchas mujeres emprenden la carrera investigadora (51 por ciento del total de doctorandos según datos del avance estadístico del curso 2003 2004 del Ministerio de Educación y Ciencia), pero su presencia se diluye a medida que escalan en la escala profesional. Según la Fecyt las deserciones o plantes producen en primera instancia por la poca consideración social de la carrera científica en España, y por una serie de consideraciones erróneas que las investigadoras atribuyen a su situación. Pero en buena medida podrían ser consecuencia de las históricas trabas al acceso de la mujer a los círculos decisorios y del poder. El doctorado parece la prueba de fuego. El informe apunta que muchas mujeres se descuelgan de la carrera investigadora en este punto porque la adjudicación de becas posdoctorales favorecería a los varones. En 2002 el 44 por ciento de los aspirantes a una beca Ramón y Cajal de Educación era mujer, y sólo uno de cada tres contratos concedidos fue a parar a manos femeninas.

