“¿Mi inquietud? Ser feliz con lo que hago las 24 horas”

Vanesa Serrano nos conduce dentro el mundo de Rughara: “La transformación para mí es una obligación y no una opción, por lo que siempre tengo la cabeza en el futuro”.

¿Cómo y cuándo nació Rughara y cuál ha sido su evolución?

Rughara nace en 2012 cuando decido dejar el mundo de los medios y de la publicidad. Salía a las calles de compras, no me gustaba lo que veía, no me gustan los monstruos de la moda, las grandes cadenas. Me costaba encontrar moda mas personal, y, sobre todo, dudaba de las condiciones en que estaban hechas las prendas. Al mismo tiempo, tenía a mi alrededor gente haciendo cosas muy bonitas e intentando hacerlas bien, así que lo pensé y me lancé a aunar mis pasiones en un solo espacio: la moda, el arte, la música y la decoración. Y así empezó Rughara, un lugar que me representa y que apuesta por el diseño español y la producción local y sostenible.

Rughara: ¿qué significa este nombre? Y no es una tienda en el sentido tradicional…

Rughara significa pelirroja en esperanto y, como dices, Rughara no es una tienda convencional, como no lo son las pelirrojas, que son diferentes y desprenden una energía especial: como queremos que lo haga nuestro espacio.

2019 ha empezado ‘a lo grande’, poniendo a Rughara como la primera Selector’Store del mundo… ¿Ha habido un momento o una intuición que le haya dado el empuje para poner en marcha esta nueva etapa?

Sí, de repente empecé a ver un montón de tiendas multimarca que se ponían apellidos que no tenían sentido o no me parecía que el “concept” que acompañaba a mi nombre tuviese ya ninguna coherencia. Pensando en esto, en la evolución de Rughara, me planteé en qué se diferenciaba Rughara de otros modelos de negocio. Y creo, sin duda, que la diferencia está ahí, en que todo gira entorno a la selección del producto, y a nuestra manera de presentarlo y de atender al cliente.

¿Qué supone el salto al ecommerce y trascender de un barrio de una ciudad como Madrid donde ya tenía éxito?

Un paso necesario por la cantidad de gente que nos lo pedía tras un viaje a Madrid o de conocernos por las redes, pero un salto caro, duro y que requiere mucho, mucho trabajo, y del que cuesta mucho ver unos resultados gratificantes.

Vanesa Serrano es el alma, el cerebro y el corazón de Rughara: ¿cuál es la inquietud que mueve a Vanesa?

Ser feliz con lo que hago las 24 horas. Rughara es mi vida aun cuando no quiero. Estar satisfecha con mi trabajo, tener la conciencia muy tranquila y hacer de este mundo uno más bonito y amable.

¿Cuáles son los “ingredientes” necesarios para llevar a cabo un proyecto de tal envergadura?

Una mezcla, no siempre equilibrada, de valentía, lógica y locura.

¿Cómo logra unir estética, creatividad y sostenibilidad?

Siendo fiel a mí misma. Soy una persona muy esteta, me da paz la belleza, vivir en una casa bonita, comer un plato bonito… pero pierde todo el sentido si, por tener algo bonito, estamos explotando a niños, contaminado ríos o destrozando el planeta, que es la casa donde vivimos. Hay una labor de concienciación muy fuerte detrás de Rughara, dejando claro que es imposible hacerlo todo bien en la sociedad en la que vivimos, pero que cada granito cuenta.

¿Cómo es el ‘cliente típico’ de Rughara? ¿O hay distintas tipologías?

¡Uy! No hay cliente típico, todo el mundo puede ser cliente nuestro. Sí que es verdad que el cliente fijo de Rughara es una persona de una edad media entre los 27 y los 45 años, que ya viene concienciado de casa, que apuesta por el consumo responsable y para el que lo que su imagen cuente de él es importante.

“Poner el criterio en la selección de piezas en el centro de la experiencia de compra”: ¿puede explicarnos qué significa?

En Rughara no importa la marca, la temporada o lo que se lleva, lo que importa es mi criterio en la selección a la hora de comprar. Obviamente, estamos jugando a un juego que ya tiene ciertas normas escrita: temporadas, rebajas, fechas de entrega… pero intentamos adaptarlo a nuestras necesidades y a nuestra filosofía, al cambio constante de la tienda, a la renovación de producto o a la apuesta por clásicos que llevan años ofreciéndose en nuestras estanterías.

Mirando atrás, ¿hay un periodo que destacaría como fundamental para su trayectoria profesional?

Cada época me ha dado un bagaje: los escenarios, las oficinas llenas de corbatas… Quizás la época en la que mi tarjeta de visita rezaba “Directora de desarrollo de negocio”. Fue clave por lo que supuso, por las caídas, por aprender a llevar equipos, por negociar con cifras muy altas de dinero o por tener que combinar un trabajo creativo con uno muy de números, excels y presentaciones. Aquello, sin duda, fue mi máster, no solo para abrir Rughara, sino para crecer hasta lo que somos hoy: un gran equipo. Sin mi staff yo no podría estar en mi casa, viajando, o en un showroom con la cabeza tranquila, pensando en qué selecciono o qué vuelta de tuerca le doy ahora a Rughara para seguir evolucionando.

Y mirando al futuro, sin duda ya tiene otras metas…

La transformación para mí es una obligación y no una opción, por lo que siempre tengo la cabeza en el futuro. Me encantaría abrir una tienda en el extranjero casi más que en otra ciudad española, por ejemplo. Además, de aquí a unos años, el objetivo es que una gran parte de lo que ofrezcamos sea de producción propia.

Anna Conte

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