Los tres detonantes del éxtasis de Josefina Molina

Recientemente ha saltado a la palestra por su nombramiento como jurado de la Semana Internacional de Cine de Valladolid y por participar en un encuentro de mujeres cineastas

Nacida en plena Guerra Civil española, en la Córdoba de un padre enamorado de Andalucía, Molina encontró en el cine una forma de expresar sus sentimientos, de contar historias según su modo de entender el mundo. Ya en su adolescencia descubrió que la vida no era como la contaban, que su sociedad ocultaba en público lo que rumiaba en privado.

La influencia de su hermano mayor, inconformista por naturaleza, y la desconfianza y la rebeldía ante la hipócrita moralidad de la época, compartidas con otros jóvenes cordobeses de su generación, le hicieron partícipe primero del Cineclub Senda y del Círculo de la Amistad después, desde los que analizaban tendencias cinematográficas del momento y las dificultades de la industria para expresarse con libertad. La posterior creación del grupo de teatro Medea quiso acercar, con más o menos suerte, la dramaturgia al público de masas.

Años más tarde, y pese a que siempre rehuyó de las palabras pionera o precursora para referirse a sí misma, se convirtió en la primera mujer española que obtuvo el título de directora y realizadora de la Escuela Oficial de Cine, en la que fue primero rechazada y luego admitida por Luis García Berlanga. Con su perseverancia se convirtió en referente para otras muchas cineastas que han seguido su ejemplo.

Su trayectoria profesional está repleta de grandes obras de cine y teatro, en las que trabajó de manera simultánea. Dirigió más de 37 piezas audiovisuales, entre cortos, series y películas, algunas de las cuales han quedado para la posteridad. Tras su salida de la EOC, tuvo su oportunidad en TVE, gracias a la recomendación del primo de su padre, Matías Prat. Fue ayudante de dirección de contemporáneos como Claudio Guerín y Pilar Miró, a los que admiraba, y posteriormente comenzó sus pinitos como directora de espacios de ficción y documentales que, en muchos casos, eran adaptaciones de obras literarias. De la televisión aseguró que “era un medio extraordinario en un país donde la cultura estaba al alcance de unos pocos y esta permitía proyectarla a muchos”.

Entre sus series de televisión más relevantes se hallan El Camino y Entre naranjos, adaptaciones de obras de Miguel Delibes y Blasco Ibáñez. Pero pasará a la historia por haber dirigido su primer y único Biopic, Teresa de Jesús, protagonizado por Concha Velasco. Por encargo, y con un presupuesto de 400 millones de pesetas, supuso para ella un enorme reto y el descubrimiento de quien fuera proclamada primera mujer Doctora de la Iglesia. En ella quiso retratarla lejos del mito de monja devota, que tomaba hierbas con las que tenía alucinaciones o de la santa mística asistida por el Espíritu Santo en éxtasis permanente. En ella recreó la complejidad del personaje, una mujer, como tantas otras, que luchó por hacerse oír y cambiar, aunque fuese solo un poco, un mundo que le era adverso.

En todas sus obras siempre hubo una mujer que apostaba por la libertad para elegir su vida. Así sucede en su primera película: Vera, un cuento cruel, un rodaje accidentado, que comenzó el día siguiente de la muerte de Claudio Guerín, que afectó mucho a Molina.

Posteriormente llegaría la adaptación teatral de Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes, una obra que ha trascendido hasta nuestros días y que en sus inicios estuvo protagonizada por Lola Herrera. Se trata de un retrato fiel del franquismo, verbalizado por el personaje de Carmen Sotillo. También junto a Lola Herrera y al productor Pepe Sámano, creó una pieza de cine única, genuina, que mezcla realidad y ficción, sin guion y con montaje excepcional, llamada Función de Noche.

Su película más conocida, no obstante, es Esquilache, basada en la obra Un soñador para un pueblo de Buero Vallejo y que cuenta cómo sucedió el histórico motín provocado por el Ministro de Hacienda de Carlos III, que pasó a la historia como el gran reformador de una nueva Madrid, mientras Esquilache sufría la ira del pueblo. Y también destacó en su filmografía la película La Lola se va a los puertos, con Rocío Jurado.

Entre los múltiples reconocimientos a su extenso y fructífero trabajo destacan la Medalla de Oro de Bellas Artes en 2006, el nombramiento como Hija Predilecta de Andalucía en 2012 o el Premio Nacional de Cinematografía en 2019. En 2011 se convirtió en la primera mujer directora de cine en recibir el Goya de Honor.

Es, además, confundadora de CIMA, Asociación de Mujeres cineastas y de medios audiovisuales, y recientemente ha saltado a la palestra por ser jurado de la actual Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci) y por participar en un encuentro de mujeres cineastas. Su lucha por la defensa de la igualdad entre géneros siempre le acompaña. En este sentido, asegura que las mujeres “no tenemos los mismos sueldos, oportunidades ni presupuestos para hacer nuestro trabajo, pero no nos falta talento”.

Isabel Bermejo

Periodista y Consultora de Comunicación

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