Espero que, en un futuro, aprovechemos los beneficios del mundo digital mucho mejor

SUSANA DURAN. SAGE

Cuando en marzo dijeron que nos íbamos a quedar en casa unos días, yo fui la primera en decir que eso no duraría mucho. Cuando los colegios cerraron, supuse que sería algo momentáneo y no me preocupé demasiado. Tras la primera semana de encierro, de un sinfín de noticias sobre el virus y del alarmante número de casos de infectados, no hubo más remedio que aceptar la situación y organizarse. Tras ver que habría que manejar cuatro agendas, repartimos las tareas y empezamos a teletrabajar. Nunca me he sentido más identificada con alguna de esas tiras cómicas sobre padres que hacen equilibrios con su vida profesional y personal o aquellos típicos videos donde de repente aparece tu hija, gritando que no hay papel o saltando en el sofá como si estuviera en una cama elástica. Y es que eso, de repente, fue la cruda realidad para mí y para muchos otros.

Tras un par de semanas de angustia (¡y caos!) lo primero fue organizarse. No solo a nivel profesional, sino a todos los niveles. Mis hijas no podían manejar solas el ordenador, los nuevos horarios, la videoconferencia con los profesores y, además, entender todos sus deberes. Eso implicó dedicación y paciencia para explicarles, al nivel de personitas de siete y nueve años, conceptos que muchos adultos tardan semanas en entender. Ahí apareció el siguiente punto, la confianza. Confianza en ellas y en sus capacidades para afrontar todos los cambios y manejarse en esta nueva jungla donde no podemos pretender que todo siga igual. Y confianza en ti misma y en el “¡tú puedes!”, pero no hace falta que puedas con todo a la vez. En lugar de trabajar concentrada ocho horas, ahora tendría que aprender a trabajar con distracciones de todo tipo en una jornada algo más extendida y empezar a adaptar la forma de trabajo a la “nueva situación”.

Durante el confinamiento, el uso de las cámaras en las reuniones se ha hecho más necesario que nunca para poder tener un poco de la cercanía que hemos perdido. Tras la primera aparición estelar de mis hijas ante la cámara decidí empezar a usar fondos virtuales. Muchas videoconferencias como Zoom o Teams ofrecen esta opción que te trasporta de la cocina de casa a un despacho o un bosque tropical. El uso de herramientas colaborativas ha sido también muy útil. Ya que no podemos sentarnos en una mesa delante de una pizarra, hemos de poder trabajar cocreando muchas veces y plataformas como Miro.com o Mural.co nos permiten “pintar” nuestras ideas a la vez y comentarlas mientras nos vemos las caras. Por último, consciente de los juegos malabares de unos y del agotamiento mental que provoca la situación en muchos otros, se empezaron a reducir el número de reuniones. Aunque inicialmente todo el mundo sintió que cuanto más nos viéramos mejor, esto se volvió en contra de las agendas de todos y en breve eliminamos las famosas “happy hours” que muchos instauraron ya que, aunque sea “happy”, al fin y al cabo, es una reunión.

Esta situación, a pesar de todo, ha traído aspectos positivos a nuestras vidas. La digitalización de muchos de ellos ha sido el principal. Abuelos haciendo videoconferencias, mejor gestión del tiempo, uso de tecnologías que nos permiten colaborar más allá de compartir un documento y, en definitiva, conocernos mejor. Muchos aspectos permanecerán entre nosotros permitiéndonos conciliar mejor nuestras vidas, aunque nada puede reemplazar el estar cara a cara con nuestra familia, amigos y compañeros de trabajo. Espero que, en un futuro, aprovechemos los beneficios del mundo digital mucho mejor a la vez que disfrutamos de todos esos momentos juntos que tanto hemos echado de menos estos días.

Susana Duran

VP Mobile and Conversational AI (INTERIM) de Sage

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