Una educación enfocada a la innovación y al riesgo es la clave para las empresarias del futuro

Hace unos domingos tuve la ocasión de ser invitada por una empresa de networking a un palco VIP del Bernabéu. No me gusta el fútbol, pero me encantan las nuevas experiencias y, en este caso, conocer personas para hacer negocios de forma organizada mediante una actividad lúdica.

La puesta en escena de ese imponente coliseo -entiendo el miedo escénico de los rivales-, el increíble parque temático gastronómico del intermedio y la impecable organización me encantaron. Sentí un carrusel de emociones, me llevé un montón de tarjetas -espero que ninguna roja-, y algún nuevo amigo. Y soy merengue, y ganamos.

Mientras veía el partido reflexionaba sobre lo diferente que es mi vida ahora a la de la niña que en los años 60 escuchaba la radio y después veía en la televisión “el fútbol”. ¡Qué recuerdos me traen esas tardes futboleras!, preparando el uniforme, la cartera y con el bajón clásico del domingo por la tarde escuchando Carrusel Deportivo después de una buena sobremesa de Juegos Reunidos Geyper y una ronda de caramelos.

Entre pase y pase, recuerdo que fui una niña tímida e insegura, aunque era creativa, sensible, con bastante habilidad social y me encantaba dibujar, leer, cantar, bailar y jugar. Además, ser la mayor de ocho hermanos condiciona un cierto liderazgo infantil. Era una niña bastante buena, educada con mucho cariño y atención, pero con gran disciplina, esfuerzo y exigencia. Nos inculcaron el valor de la educación, de las buenas formas, la ética, empatía y el altruismo tanto a mis hermanos varones como a nosotras, educadas con muchas normas, algunas estupendas y que han configurado mi carácter y otras absurdas. En ese momento sesentero, una buena educación garantizaba un futuro seguro y estable.

Era imprescindible estudiar carreras que tuvieran “buen porvenir”, sacar una oposición, entrar en una empresa para toda la vida e incluso casarse bien. En definitiva, ser buena, estudiosa, culta, modosa, educada, responsable y poco conflictiva, era el ideal soñado para una hija.

En ese momento, por contraste, recordé el premio que recientemente recibí en nombre de JP Media. Un premio de innovación concedido por la AEEPP. En mis palabras de agradecimiento, hice énfasis en nuestra satisfacción por su naturaleza: innovación.

¿Qué es innovación? Lo imprescindible para progresar en nuestro rapidísimo y cambiante siglo XXI. Es disrupción, rebeldía, no conformarnos con lo que hay establecido. Hacer las cosas de otra manera, poner un granito de arena para cambiar el mundo y las empresas.

Apreciando el juego de Cristiano, pensaba: “¿Que ha pasado entre esa niña de los domingos por la tarde y la empresaria de ahora?”. Que nuestra generación, por gusto o por fuerza, ha dado un salto como ninguna otra generación ha hecho antes.

Cumplí las expectativas, pero ya no era suficiente lo que hasta entonces había sido paradigma de la estabilidad. Había que seguir estudiando nuevas cuestiones insospechadas décadas antes, echarle narices a la vida: rebeldía, valentía y coraje eran imprescindibles en esta nueva etapa.

Si no hay un trabajo adecuado -llevo oyendo hablar de crisis toda mi vida laboral- te lo inventas. Y así, sin pensarlo, me convertí en empresaria.

No es fácil ser empresario en España, y no hay caldo de cultivo. La administración nos exprime con impuestos e hiperregulación, y no cumple sus obligaciones. Tampoco nos ayuda lo suficiente. Los reguladores son los reyes del mambo, y algunos clientes abusan en precios y plazos en economías maduras como la nuestra con máxima competitividad. La financiación, también, es difícil y costosa.

Cuesta conseguir equipos motivados por una legislación laboral en la que cuenta más la antigüedad y la presencia que el mérito y los objetivos.

Para la sociedad y los medios somos “los malos de la película”. Pero, a pesar de todo, me encanta ser empresaria.

Como empresaria tengo los mismos problemas y dificultades que cualquier otro empresario, pero como mujer no. Destaco los que vienen de nuestra educación:

  • Nos enseñaron a crear un hogar, no a poner nuestra casa como aval para la empresa.
  • Nos exigían estar calladitas y obedecer. No aprendimos a argumentar ni a negociar y defender o ceder en una posición.
  • Nos inculcaron la seguridad como gran valor, no a asumir riesgos.
  • Nos transmitieron valores conservadores y hemos tenido que hacer el esfuerzo de mantener los imprescindibles y rebelarnos contra otros.
  • También la valoración de lo emocional como valor femenino frente a lo racional como valor masculino. Necesitamos las dos áreas en equilibrio y potenciar características como la intuición que tanto nos ayuda.

Mantener las tradiciones a rajatabla, ser perfectas o no protestar son valores que no ayudan para ser empresaria, y esa es una batalla adicional que las mujeres de mi generación y las siguientes hemos tenido que pelear.

Mi sector es el de los medios de comunicación. Somos analistas y consultores de medios. En este sector, la transformación ha sido impresionante. A la revolución tecnológica se une la propia de los medios de comunicación, y a eso le unimos las diversas crisis por las que hemos pasado.

Cuando creamos JP Media en 2002 el mundo ya estaba cambiando exponencialmente. El cambio y la innovación forman parte de nuestro ADN. Hemos modificado este sector: pasar de lo analógico a lo digital, del blanco y negro al color, del fax al mail, del cuaderno de anillas al CRM, de las primeras bases de datos al Big Data, y del archivador a la nube. De enviar dosieres con un mensajero a compartir impactantes infografías, cuadros de mando estratégicos y vídeos en los que puedes visualizar desde un mercado a un resultado electoral.

He conocido a mucha gente, otro de los aspectos por los que me encanta ser empresaria.

A esa niña insegura y tímida le hubiera ayudado mucha más autoestima, rebeldía, y gusto por el cambio. Después de toda esta experiencia, estoy segura de una cosa: Solo a través de una educación enfocada a la innovación y al riesgo tendremos más empresarias en el futuro.

Margarita Jerez

Fundadora de JP Media

Este artículo apareció originalmente en el libro Empresari@s. Una manera de estar en el mundo publicado por LoQueNoExiste en septiembre de 2017.  ISBN es 978-84-946814-2-4

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