Livin´LaVidaMadre

16 historias reales de madres imperfectas que consiguen no volverse locas para compaginarlo todo.

Livin´LaVidaMadre ha lanzado su primer libro con 16 historias reales y actuales de mujeres que intentan compatibilizar su maternidad con la vida laboral, sin morir en el intento. “La realidad dice que el 80% de las mujeres de este país no puede conciliar”, señaló Laura Baena, fundadora del Club de las Malas Madres, en la presentación del libro.

El libro recoge historias como la de Alicia Van Assche, su promotora, madre y socia de una productora audiovisual de la que tira LVM_Presentacion_Libro_(capturas)_11incansable y apasionadamente sin renunciar a la idea de formar una familia numerosa. Y, como queda mucho camino por recorrer hasta llegar a una verdadera conciliación, el libro presenta su página web para animar a más mujeres a enviar sus relatos y poder lanzar nuevas ediciones con las mejores historias seleccionadas.

Livin´LaVidaMadre es un libro colectivo que pretende acercar a las futuras madres la maternidad tal y como la viven mujeres reales que sin querer renunciar y sin perder su identidad, intentan disfrutar la aventura de formar una familia. Un complejo ejercicio de conciliación a través de historias de todo tipo que aportan la experiencia a golpe de realidad, sin recomendaciones ni consejos. Desde el momento en el que se producen los cambios que alterarán tu vida para siempre, cuando decides ser madre, pasando por el embarazo, el parto, los primeros meses y la vuelta a la vida “normal”.

“La conciliación es ese cuento chino que nos creímos. Somos una generación eternamente engañada por ese cuento chino de la conciliación. Esa mentira de si quieres podrás llegar dónde quieras. Pero la realidad es que el 50% de mujeres han vivido situaciones negativas derivada de su maternidad y que las mujeres son penalizadas laboralmente por ser madres”. Son las palabras de Laura Baena, del Club de las Malas Madres, que además de presentar el libro se ha comprometido a apoyar el proyecto Livin´LaVidaMadre “como una iniciativa creativa y necesaria para dar visibilidad al problema evidente de la conciliación y la pelea constante de las madres de hoy en día por llegar a todo y hacerlo todo bien”.

Las protagonistas de Livin´LaVidaMadre viven en Madrid, Pamplona, León, Canarias, Houston, Bruselas, etc. y son mujeres que han pasado por vivir un embarazo solas o por ser madre de gemelos después de un tratamiento de fertilidad, mujeres que han dado a luz en casa, o en un hospital, mujeres que han tenido un bebé prematuro, que han llorado por la alegría de saber que podrán ser madres a través de la adopción y de miedo ante la idea de no saber hacerlo bien. Dieciséis historias, dirigidas a quien se adentra en la maternidad y a las madres que quieran compartir la suya.

Las historias de Livin´LaVidaMadre

  1. Alicia Al principio todo es un caos pero milagrosamente sales adelante. Sobrevives sin dormir y tu hijo también. Discutes, te cargas de mal humor, pero una vez pasado el primer mes, la cosa empieza a mejorar y te vas estabilizando. Bueno, realmente no te estabilizas nunca, pero te lo vas creyendo y eso anima […] Luego se acabó la baja y había que incorporarse al tajo. Entonces dejé el pecho y comencé a volverme loca con la logística, con dónde dejar a la niña, en qué haces cuando se pone mala y tiene 40 de fiebre y te mueres de miedo; piensas en papillas, dientes, si lo estarás haciendo bien…En fin, que sumida en el estrés de trabajo tienes que pensar en todo aquello y que te desborda pero sobrevives, aguantas.
  2. Ángeles Con Martina, al principio, el miedo a hacerlo mal, hizo que me volviera muy rígida, muy exigente y un poco obsesiva en cuanto a los horarios y todo lo referente a ella. Por suerte, he sido consciente de ello a tiempo y ahora trato de evitarlo, aunque reconozco que en mi carácter está el ser un poco mandona y a veces me cuesta ceder; pero lo intento. El que me relaje un poco hace que todo sea más fluido, menos forzado… trato de darme tiempo, de descubrir cosas nuevas de Martina y agobiarme menos. Martina me enseña a ser paciente, que no es mi principal virtud.
  3. Bea El nacimiento de Óscar coincidió con un cambio laboral muy importante para mí. Asumí la corresponsalía de La Vanguardia en Bruselas. Marc se pidió una excedencia de un año, pero cuando volvió a trabajar después de doce meses en casa lo cogió con tantas ganas que tuvimos más de una discusión sobre quién se ocupaba más y quién menos del niño  y de la casa… La palabra “revancha” planeó más de una vez sobre nuestras peleas,
  4. Carol En la sexta semana de gestación estuve casi un mes y medio de reposo. Parece mentira que ese personajillo del tamaño ni deLVM_Presentacion_Libro_(capturas)_20 una lenteja pueda significar tanto para ti. Te pasas el día preguntándote si lo estarás haciendo bien, si no te estarás pasando en algo que le pueda afectar. De pronto, una inmensa responsabilidad recae única y exclusivamente sobre ti. Y ese miedo, por lo menos a mí, te condiciona durante el resto del embarazo.
  5. Cristina Cuando el bebé llora y no es posible calmarlo, piensas que lo haces todo al revés y tienes ganas de llorar y llorar. A ver quién llora más. Cuando Fernando se iba a trabajar, a mí me daba envidia porque no quería quedarme sola con el bebé. Mi único aliado en esos momentos de soledad fue la teta, que era lo único que lo calmaba y se quedaba dormido encima de mí.
  6. Elena “Es un niño viable”. No son las palabras que esperas oír al médico sobre tu hijo, pero en ellas se encierran todas las esperanzas de los padres de un gran prematuro. Joan llamó a su trabajo en Madrid para decir que no volvía, que se quedaba en Bruselas para cuidar a su hijo. La mala noticia es que exigía su derecho al canguro (las cuatro horas diarias que nos lo ponían encima piel con piel). Muchos días intenté sobornarle para que me cediera su turno. No lo conseguí ni una sola vez.
  7. Eva El parto en casa fue una gran experiencia, si me quedara embarazada de nuevo, lo volvería hacer. Tu cuerpo, si no te han puesto ningún tipo de anestesia, genera endorfinas que te anestesian naturalmente y te hacen sentir eufórica, es un cambio hormonal que te da un subidón y sientes una alegría alucinante. La matrona después de eso la cogió y le limpió las fosas nasales, la puso encima de mí y nos pasamos cuatro días en pelotas, en la cama. La placenta me la tomé en un batido.
  8. Irene Cuando llegamos a casa, el primer día que nos quedamos solas no quería que se despertara. No sabía qué hacer con ella, me daba miedo que llorara y no saber cómo atenderla, me resultaba muy difícil. El chip que me pusieron en el hospital debía ser defectuoso porque no sabía darle el pecho, ni cogerla naturalmente en el regazo, me parecía que todo lo hacía mal, que no era lo mío, me sentía extraña con ella y culpable a la vez por no sentir un amor pleno y absoluto por alguien que había nacido de mí. Pensaba que ella detectaba de alguna manera que su madre no la sabía querer.
  9. Jimena De momento no he tenido que renunciar a ningún trabajo, pero sí que ha llegado el momento de decir que no es lo que quiero. Realmente no he tenido un hijo para que me lo cuiden, aunque me estuviera forrando… No me compensa. Hace meses que tomé la decisión. He vivido tres cierres de teles en las que trabajaba y ya estaba bien. Como había estudiado también filología inglesa y había sido profesora de inglés, pues tiré por ese camino. En el que estoy ahora. Estoy a caballo entre la filología y el periodismo. Me he reinventado.
  10. Natalia Poco a poco la cosa fue mejorando y todo se fue normalizando, o mejor dicho, nos fuimos acostumbrando a no dormir, a no salir, a escuchar llantos todo el día y a preguntarnos constantemente por el motivo del lloriqueo infernal: que sin son gases, que si será hambre, que si se habrá hecho pis y yo seguía encontrándome fatal. Al quinto mes creímos que empezábamos a salir a flote. Pero entonces llegó la sorpresa. Estaba embarazada y Cayetano llegaría en siete meses…
  11. Olga Era el momento de buscar alternativas. Lean y yo siempre habíamos hablado de adoptar, porque era algo que nos apetecía, pero pensábamos que sería el segundo. Desde luego, nunca nos imaginamos que todos nuestros hijos vendrían así. La decisión estaba tomada. El martirio se había acabado: dejaríamos las inyecciones y los tratamientos e intentaríamos adoptar. Entonces recuperamos la ilusión y la ansiedad por buscar a Emma sin tener la más remota idea de lo que se nos venía encima.
  12. Patricia Si mi madre hubiese estado, estoy segura de que las cosas hubiesen sido mucho más fáciles. El hecho de que ella no estuviese me hacía sentir vacía, sola. Desde la primera ecografía, me imaginaba su cara de felicidad. El día que di a luz, mi emoción de ser madre se juntaba con la tristeza y el vacío de no tener a la mía a mi lado, de no sentir su calor y su protección en un momento en el que necesitas las palabras, el cariño y el saber hacer de tu madre. Y cuando tu madre no está, es como si se te faltara un trocito de tu alma, como si te hubiesen arrancado un pedazo de vida, como si no pudieses respirar igual.
  13. Sandra Después de tres inseminaciones, dos in vitro, una crisis de pareja y un MBA, en el último intento…¡lo conseguimos!. Cuando te ha costado tanto quedarte embarazada lo vives de una manera muy intensa y cada día que pasa te parece un milagro. Sí es verdad que tuve que pincharme heparina cada día (tenía los muslos llenos de moratones), tomar al menos cinco pastillas diarias y me dio una ciática en el sexto mes que me hacía llorar del dolor cada vez que intentaba moverme, pero nada me importaba, estaba feliz.
  14. Silka Dos años más tarde, César y yo no hemos conseguido salvar nuestro matrimonio. César ha sido y es un magnifico padre. A día de hoy, estamos contentos y de acuerdo con la educación de nuestras hijas, pero nos hemos desgastado por el camino. Ha sido una convivencia difícil, caímos en la trampa de intentar cambiarnos el uno al otro. Él estaba demasiado centrado en conseguir un futuro económico para la familia descuidando el día a día, y yo me centré en que todo debía ser perfecto.
  15. Sonia Clara tenía rabietas desde siempre, desde bebé. Cuando lloraba, lo hacía con mucha rabia. Cuando tenía hambre, era terrible. De hecho tuve que dejar de darle de mamar a los diez meses, porque el no tener mucha leche le provocó tanta rabia que me mordió y me hizo sangre. Una buena herida. Entonces pensé en que era el momento de dejar de darle el pecho. Y para poder atender a Clara pedí una excedencia. Tuve los cuatro meses de baja maternal y luego el año de excedencia. Después empecé a trabajar a media jornada y en turno de noche. Trabajaba dos noches a la semana, como ahora.
  16. Yanira! Estaba hiperactiva, muy nerviosa y con un de miedo atroz al parto. Ese fin de semana me dolía. Tenía muchos pinchazos abajo y me molestaba mucho. La ginecóloga decidió que había que inducir el parto porque no había mucho líquido. Yo no estaba preparada para eso. Me imaginaba el momento de romper aguas, pero no estaba preparada parir. Me tuve que hacer a la idea porque me tenía que quedar, menos mal que el día antes me había ido a depilar porque tenía obsesión por no parir toda peluda…
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