¿La asignatura más difícil de la vida?

Pilar González
Pilar González

Es muy probable que en algún encuentro entre amigos o compañeros hayamos conversado acerca de la asignatura más difícil que hemos tenido que cursar. Me atrevería a asegurar que en un porcentaje llamativamente alto el escenario que enmarcaba ese diálogo era académico. Lógico por otro lado, si tenemos en cuenta que el término “asignatura” nos evoca conceptos como profesores, aulas, conocimientos, aprobados, suspensos, etc. Al menos, en nuestra cultura es así. En ese contexto, las respuestas serán tan variadas como personas estén pronunciándose al respecto; todo ello dependerá de las preferencias de cada uno, de las propias capacidades, de cómo percibamos la aptitud docente de nuestros profesores,… de un sinfín de variables.

Ahora bien, si ampliamos el marco de la pregunta, haciéndolo extensivo a la vida misma, ¿cuál sería nuestra respuesta?  No tengo claro si la amplitud y variabilidad seguiría siendo la misma, pero probablemente sí habría respuestas comunes: ser feliz, ser padres, aceptar la pérdida humana o de salud, vivir en pareja, etc. En mi opinión, como profesional de la psicología, considero que uno de los desafíos más exigentes a los que nos enfrentamos a lo largo de la vida es de la aceptarnos a nosotros mismos; sólo desde esa aceptación, estaremos en condiciones de plantearnos metas de desarrollo que nos permitan crecer como personas. Sin aceptación no hay cambio, no hay evolución; sólo resistencia. En nuestro trabajo de acompañamiento a profesionales que cursan diferentes programas de EOI (MBA Executive, MBA Full Time, GMAE, etc. ) y dentro de la asignatura ‘Competencias para el Liderazgo’, empujamos a la persona a someterse a “la prueba del espejo”, algo que suelen hacer los líderes  efectivos, en palabras de Peter Drucker. Trabajar en nosotros mismos requiere “mirarse en ese espejo que es nuestro interior”; se trata de una mirada honesta, exenta de culpabilidades inútiles pero no de responsabilidad y compromiso. ¿Y qué vemos cuando lo hacemos? ¿Nos inquieta lo que descubrimos? Si es así, buen inicio entonces. Porque la inquietud es una emoción que nos “re-mueve”, es la antesala de la acción y eso es justo lo que tratamos de provocar en los procesos de desarrollo personal y profesional.

Cuando la persona toma la decisión de trabajar en su crecimiento, inicia una aventura apasionante que comporta dificultades y oportunidades; emprende un camino de cambio donde la palabra mágica es aprender. Aprender es una apuesta de futuro que empuja a la persona a situarse en un lugar diferente al que hoy se encuentra. Recorrer este sendero supone ser capaz de responder al desafío de conocer, explorar y despertar la conciencia de uno mismo. Activar la conciencia sobre nosotros mismos es clave;  se trata de una etapa donde la persona explora y conecta con los recursos que necesita y también con los que alberga en su interior. Implica a su vez, validar aquellos que se erigen como piezas únicas y altamente valiosas para alcanzar nuestros propósitos, pero también – y es ahí donde aparece el componente de honestidad al que hacía referencia anteriormente- hemos de identificar las formas de conducta que limitan el logro de nuestras aspiraciones.  Resulta muy esclarecedor formularnos esta pregunta: “¿la forma en que pienso y me comporto me facilita obtener lo que deseo?”. Tengamos en cuenta que el retorno de lo que hago es una pista fundamental para decidir lo qué he de preservar y lo que tengo que desestimar. Es un momento decisivo, pues determina “el equipaje con el que voy a viajar”. A partir de ahí, la tarea de asentarnos en nuevas formas de comportamiento requiere de una convicción firme sobre las bondades de nuestras metas en conjunción con una marcada perseverancia; hemos de mantenernos en el esfuerzo que supone desprenderse de lo habitual, de lo “casi natural”, a favor de renovadas formas de actuación. En ese transitar, a veces flaqueamos pues pensamos que no vamos a ser capaces, que no merece la pena, que el camino no tiene salida o que aquello a lo que aspiro no es posible. Es momento de parar y reflexionar desde nuevas preguntas: ¿qué hacen otros? ¿Qué evidencias tengo para saber que no es posible? De ese modo,  empezaremos a cultivar una mirada diferente respecto a nuestro entorno, donde contemplaremos posibilidades que apenas percibíamos y empezaremos a usar un lenguaje interior mucho más eficaz y productivo. Aquí es donde aparece lo que  llamamos ‘Aprendizaje  Transformacional Consciente’. En este marco y, desde este proceso, facilitamos a los participantes de los programas de  EOI en su campus de Andalucía, el acompañamiento que le va ayudar a expandir su talento a fin de lograr una verdadera transformación en ellos mismos, en los equipos y en las organizaciones. Es una forma humilde, pero certera de contribuir entre todos a crear futuro deseado  y compartido.

 

Pilar González Agudo

Socia-Directora de ITÍNERA, Consultoría y Desarrollo

Profesora de Competencias para el Liderazgo de EOI-Escuela de Negocios

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