Judith Obaya atraviesa en bicicleta el Sahara Occidental

Judith Obaya, la primera persona que atraviesa el Sahara Occidental en bicicleta, cuenta su experiencia

Con la llegada al pequeño puerto pesquero de Lamhiriz, cerca de cabo Barbas, y de la frontera con Mauritania, ‘Con2…Ruedas’ finaliza exitosamente. 1768 kilómetros de puro desierto me hacen disfrutar del título de ser la primera persona que atraviesa el Sahara Occidental en bicicleta fuera de carretera. 18 etapas muy duras marcadas especialmente por el terreno y las extremas condiciones climatológicas. Despues de cruzar las dunas del Erg Draa AfrarirComenzaba la travesía el pasado 20 de febrero en la montaña Djebel Ouarkziz, frontera natural del Sahara.

La fácil pista de los dos primeros días fue una toma de contacto para lo que estaba por llegar. Al toulè ondulè (suelo ondulado producido por el paso rápido de vehículos) le seguirían las empinadas trialeras de grandes piedras sueltas, ríos de arena con profundas roderas, intransitables dormideros de camellos, terrenos blandos de sebjas (depresiones con fondo salino) y pistas militares tan frecuentadas por los camiones que las ruedas de mi bicicleta se hundían en el asfixiante polvo.

El calor iría tan en aumento como el tostado de mis piernas y brazos, que pasaron de ser blancos a tener
uno de los muchos tramos arenososel mismo color que las latas de sardinas oxidadas abandonadas a pie de pista por nómadas y soldados. Las frías noches del norte sahariano se convirtieron a medida que avanzábamos hacia el sur, en un terrible infierno por el que había que rodar a toda costa. Llegué a beber más de cinco litros de agua diarios, y mi ropa terminó tan almidonada por las sales que mi cuerpo expulsaba con el sudor que ya parecía un cartón.

No hay Sahara sin viento y los Alisios me acompañaron desde el primer día de travesía. El zumbido constante en mis oídos y la arena que arrastraba hasta mi boca, me obligaron a protegerme al estilo local con un pañuelo que había comprado en Assa. En muy pocas ocasiones sopló de forma favorable que me ayudase en las etapas, teniendo que modificar la ruta en dos ocasiones para evitar desfallecer enfrentándome a él. En la etapa 10 no pudimosNegra roca camino de Smara evadir un siroco, José intentó protegerme con el 4×4 circulando en paralelo a mi; sin quererlo, ésto hacía mas complicada la situación, a la arena que nos lanzaba el fuerte viento se sumaba la que nos lanzaba las ruedas del todo terreno. Me coloqué una máscara para poder ver por donde iba, me bajé de la bicicleta y caminé tirando de ella 20 kilómetros.

Procuré marcarme un objetivo cada día que incentivase mi pedaleo. Llegar a dormir en las cabañas de pastores de camellos no sólo facilitaba las cosas a la hora de calentar una lata para cenar, tarea difícil cuando el viento azota; suponía también no masticar arena y no tener que montar la tienda de campaña. Por otra parte, si había pastores en las cabañas las tardes se hacían más amenas, compartiendo la comida, hablando de los rebaños, y poniéndonos al día de los cambios que pudiera haber en la región, nuevas pistas y pozos, más movimientos militares… En Chelua dormimos en la casa del tataranieto del fundador de Smara, Maa El Ainin, y con él visitamos el morabito (panteón) de su bisabuelo, situado cerca de la casa.

terreno facil al sur de AusserdEl temor al agotamiento y las rozaduras que me pudieran obligar a abandonar me concienciaron de ser muy metódica con las comidas y aseo personal. A media mañana y media tarde hacía una parada para comer fruta, dos naranjas y dos plátanos, dátiles… a medio día dos bocadillos de embutido, queso, sardinas, atún con tomate… y para cenar un plato caliente de comida en lata: albóndigas, fabada, garbanzos… con ensalada si aún nos quedaban tomates comprados en el último pueblo por el que habíamos pasado.

El aseo se limitó a una ligera ducha en Bir Enzarenne, etapa 12. El resto de los días me conformé con Montañas camino de Oued Craatoallitas húmedas para brazos, piernas y cara, de esta forma podía ponerme crema protectora para el sol. Un pequeño balde con un poco de agua embotellada y jabón específico mantenía mis partes más pudendas limpias y libres de arena; por el día me aplicaba una vaselina especial para que el coulotte no hiciera rozaduras y un bálsamo por las noches para regenerar y descansar la zona. Los primeros días me frotaba las rodillas con Thrombocif Forte antes de dormir, pero pronto me di cuenta de que mis piernas estaban bien y no notaban el peso de los kilómetros.
tramo arenosoUna de nuestras preocupaciones era el mantener las baterías de las cámaras cargadas. José se ocupaba de encender cada noche un pequeño generador. Cámara de fotos, cámara de vídeo y una action cam que se encargó de, en modo time lapse, registrar cada momento que la bicicleta estaba en movimiento para dejar clara constancia de que la travesía se hizo sin truco alguno. También llevé un GPS en la bicicleta que me iba marcando, a demás de la ruta, los kilómetros que hicimos juntas, ya que el 4×4, en muchas ocasiones, eligió un camino distinto para pasar los tramos más complicados.

Con muy poco entrenamiento previo, las características de esta bicicleta, una Biggie 27´5 facilitada por Uno de los muros de la guerraMMR, muy ligera, con grandes desarrollos y una rueda más ancha, me facilitó las cosas.

Nuevamente el trabajo en equipo de Motorcycle Experiences, el buen entendimiento a pesar de las constantes adversidades, constancia, preparación y voluntad para llegar al final, han demostrado nuestra responsabilidad y compromiso con patrocinadores, seguidores, administraciones y entidades que han depositado su confianza en nosotros y en nuestro trabajo solidario. Esta es nuestra peculiar forma de luchar. Formamos parte del Pacto Social Contra la Violencia sobre las Mujeres y os invitamos a entrar, colaborar y uniros a una lucha, por desgracia justificada y necesaria.

A todas las mujeres… no hay objetivo inalcanzable, no hay proyecto imposible, no hay dificultades insuperables, el poder está en la voluntad…

Judith Obaya

Motorcycle Experiences Team

Nuestro lema… “Hemos hecho todos los cálculos, nuestra idea es irrealizable. Solo

queda una cosa por hacer… realizarla” (JP Latécoère)

 

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