Helvia, madre de Séneca

nº 96 HelviaEl hecho de que esta jienense de origen, pero cordobesa de adopción, se casara  con un intelectual como fue Marco Anneo Séneca, podría parecer que favorecería sus inquietudes intelectuales, que las tenia, y bastante relevantes. Su deseo era estudiar, pero su marido no creyó que fuese lo más adecuado para una mujer, y le prohibió hacerlo. Con él tuvo tres hijos: Novato, Séneca y Mela. El segundo de ellos, el conocido filósofo preceptor de Nerón, sí que aprovechó las inquietudes intelectuales de sus padres. Constituirán una familia muy letrada en la Roma de comienzos de la era. Nieto de esta mujer será también el poeta Lucano. A Helvia la conocemos, especialmente, a través de una obra de su hijo Lucio Anneo Séneca. Víctima, precisamente, de su brillantez como filósofo y orador, es desterrado de Roma por Calígula. Éste no podía permitir que le hiciera sombra y lo destierra a Córcega. Para consolar a su madre escribe su Consolación a Helvia. Allí descubrimos el carácter fuerte e íntegro de esta mujer y la profunda vinculación afectiva de su hijo con ella. Reconoce a Helvia “haber triunfado de tantas miserias”. Le mueve a escribirle el que “me parecía que quedaría libre de todos mis disgustos si lograba, ya que no secar tus lágrimas, contenerlas al menos un instante”.El hecho de haber tenido que interrumpir sus estudios de filosofía -que estaba compartiendo, precisamente con  su hijo Lucio- por imposición de su esposo, parece que por una parte no dañó su relación con él, y por otra, que rentabilizó enormemente lo que aprendió mientras pudo. De hecho fue una mujer que supo administrar su hacienda y los bienes de sus hijos y sostuvo a sus hijos Novato y Séneca, dedicados a actividades públicas, en el avance de sus respectivas carreras. Después fue su hijo Mela y su esposa Acilia, otra cordobesa, y madre de Lucano, los que la cuidarían a ella en su ancianidad. Helvia abandonó Córdoba y viajó a Roma para vivir con sus hijos y a la postre, ser testigo de las desgracias del más famoso de ellos, Lucio, el Séneca que ha pasado con más entidad a la historia y cuyas obras hoy se conocen. Helvia, una mujer fuerte, instruida -hasta el punto que Séneca le pide que sea ella la que instruya a su nieta Novatila- y que no necesitó de un varón para administrar los bienes de su casa y de sus hijos, esposa y madre de filósofos, abuela de poetas y gran mujer de aquellos tiempos de dominio romano que cabalgaban entre el final de una era y el comienzo de otra, y en dónde Córdoba ya comenzaba a brillar con luz propia.Éste, en fin, es el retrato que de ella hace su hijo: “conozco tu corazón, y sé que no amas a los tuyos más que por ellos mismos. (…) Tú te has regocijado profundamente de la fortuna de tus hijos, usando parcamente de ella: tú impusiste siempre límites  a nuestra liberalidad, mientras que no los ponías a la tuya; tú, en patria potestad aún, aumentabas el caudal de tus hijos, que ya eran ricos; tú te has mostrado en la administración de nuestro patrimonio tan activa como si hubiese sido tuyo, cuidadosa como si hubiese sido ajeno; nada recibiste de todos nuestros honores más que regocijo y gasto; tu cariño no pensó jamás en el interés…”

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