¿Hay que virtualizarlo todo? Los riesgos del cloud sin medida

Sandra Sánchez
Sandra Sánchez

A día de hoy, la mayor parte de las empresas ven en la virtualización múltiples ventajas, aunque no todo el mundo le puede sacar el máximo partido, y en algunos casos, no es la solución idónea. O al menos, no por ahora. Las aplicaciones y la virtualización van evolucionando juntas, pero aún les queda un largo y emocionante camino.

La virtualización de un servidor, lo que se conoce por cloud computing, permite pagar únicamente por los recursos utilizados, y para ello es necesario llevar una gestión continua de los mismos y poder controlar así,  de manera eficiente, su gasto. La virtualización sigue estando implementada sobre los recursos físicos de un servidor que se configuran de forma inteligente para aprovechar al máximo el rendimiento, dinamizar tiempos de provisión y utilizar máquinas virtuales únicamente durante unas horas. El ejemplo más ilustrativo es una página web que en momentos puntuales aumenta sus visitas en un número muy superior al habitual como puede ser en Navidad, verano, una noche… y necesita el doble de frontales para soportar todas las peticiones. Gestionar recursos virtualizados permite levantar máquinas de forma mucho más rápida y para un uso determinado. Hasta ahí, todo bien.

QUÉ NO DEBERÍA ESTAR EN EL CLOUD

Mediante una plataforma robusta, la configuración de máquinas virtuales puede ajustarse al máximo a las necesidades del cliente, pero ¿a todas? Si una compañía ha desarrollado un software que hace uso intensivo de CPU, como podría ser aplicaciones de investigación que requieran mucho de ese recurso, ¿no tiene más sentido utilizar un servidor físico para lo que se usaba antes de que llegara la virtualización? Seguramente sí. Es decir, en lugar de configurar un hipervisor, utilizar todos los recursos de ese dispositivo para una aplicación en concreto. ¿Supone esto pérdida de escalabilidad? No necesariamente: si se diseñan políticas de gestión de capacidad con el proveedor de hosting, se puede crecer de manera sostenible incluso con un servidor físico. Lo importante es no caer en la trampa de querer virtualizar lo invirtualizable y pagar las consecuencias de un mal funcionamiento cuando, en realidad, cada parte de la solución necesita algo diferente.

La clave está en soluciones mixtas, con una parte virtualizada y otra no. Hay servicios ideales para ser virtualizados, como frontales web o entornos de desarrollo e integración, y también hay servicios que son más dados a requerir todos los recursos de un servidor dedicado, como por ejemplo las bases de datos o las plataformas de acceso remoto. Esto no significa que no pueda virtualizarse todo, o que un servidor dedicado sea la solución cuando se superan los estándares de recursos, sino que hay que conocer bien lo que ofrece cada opción para que se ajuste lo mejor posible a su aplicación de negocio.

Sandra Sánchez, Product Manager en Claranet

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