Un antes y un después en la historia de la genética

La estadounidense Barbara McClintock (1902-1992) fue una científica especializada en citogenética, galardonada con el Premio Nobel de Medicina o Fisiología en 1983. Es conocida principalmente por su descubrimiento de que los genes del maíz pueden transferir información a través de los cromosomas, un estudio de gran importancia para la comprensión de los procesos hereditarios y la comprensión de la genética.

McClintock se doctoró en Botánica en 1927 por la Universidad Cornell, donde posteriormente lideró el grupo de citogenética del maíz y desarrolló técnicas para visualizar y caracterizar los cromosomas de maíz, estudiando los cambios que se producen en estos durante la reproducción y poniendo de manifiesto procesos como la recombinación genética que se produce durante la meiosis.

De este modo, dio respuesta a la estructura de la célula donde se encuentran localizados los genes. Y es que, en esta época, dominaba la idea de que estaban localizados en los cromosomas, pero nadie había sido todavía capaz de demostrarlo empíricamente. El hallazgo supuso un punto de inflexión y marcó uno de los pilares de la genética moderna.

Más adelante, descubrió la transposición de los genes, que demostraba que los genes no siempre ocupan el mismo lugar en los cromosomas, sino que pueden cambiar de posición, de ahí la denominación de “genes saltadores”. Estos elementos móviles tenían una gran importancia para el crecimiento, el desarrollo y la evolución de los organismos vivos.

Fue reconocida en varias ocasiones, entrando a formar parte de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos en 1944. Esto condujo a la continuación de sus estudios en Cornell, en la Universidad de Misuri (Columbia), en el Instituto de Tecnología de California y el Departamento de Genética de la Carnegie Institution en Cold Spring Harbor de Long Island (Nueva York).

En los años cincuenta, sus investigaciones fueron observadas con cierto escepticismo por sus colegas y dejaron de publicar sus datos provocando un aislamiento creciente de la científica pero finalmente la comunidad científica supo darle la importancia que tenían sus investigaciones.

McClintock fue premiada en 1971 con la National Medal of Science por Richard Nixon y en 1981 fue la primera becaria de la Fundación John D. y Catherine T. MacArthur. Además, también fue reconocida con el premio Albert Lasker por Investigación Médica Básica, el premio Wolf en Medicina y galardonada con la medalla Thomas Hunt Morgan que concede la Genetics Society of America. En 1982, la Universidad de Columbia le concedió el premio Louisa Gross Horwitz y en 1983 recibió el premio Nobel de Medicina o Fisiología debido a su trabajo sobre los elementos transponibles, convirtiéndose en la tercera mujer que conquistó este reconocimiento y la primera que lo ganó a título individual. El reconocimiento, eso sí, se produjo tres décadas después de sus descubrimientos.

A lo largo de su trayectoria, recibió catorce doctorados honoris causa en Ciencia, así como uno en Humanidades y, en 1986, fue incluida en la National Women’s Hall of Fame.

Durante sus últimos años de vida y tras la publicación de su biografía, McClintock tuvo una mayor repercusión pública, convirtiéndose en conferenciante habitual de la comunidad de Cold Spring Harbor. Además, se publicó una antología de sus 43 trabajos más relevantes denominado El descubrimiento y caracterización de los elementos transponibles: recopilación de artículos de Barbara McClintock.

McClintock falleció por causas naturales el 2 de septiembre de 1992 en el Hospital de Huntington.

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