Autocrítica y perspectiva

Gloria BellidoGloria Bellido

Nos solemos quejar en verano de que no hay noticias. En los telediarios empiezan a hablar del calor que hace en el sur y a contar historias divertidas y curiosas que miramos con poco interés mientras comemos en el sitio en el que estemos pasando las vacaciones.
 
Pero este verano, por desgracia, ha sido bastante diferente. Unas cuantas noticias como el atentado y la matanza en Noruega, los disturbios en Londres o la alerta de hambruna en África han amenazado seriamente nuestra tranquilidad estival.
 
Mientras deshaces las maletas, intentas reubicarte otra vez en tu casa y decides intentar paliar la desinformación que has sufrido durante tus vacaciones.
 
Cuando te enteras de lo que ha pasado la pregunta que nos viene a todos a la cabeza es común: ¿Qué está pasando en el mundo? ¿Cómo puede ser que en pleno siglo XXI, en una sociedad a la que llamamos del bienestar ocurran todavía estas cosas? Y nosotros que todas las mañanas nos levantamos, vamos a trabajar, disfrutamos de nuestra familia y de nuestros amigos, intentamos rellenar los espacios de ocio con actividades agradables y gracias a todo eso, tenemos una sensación de control y seguridad que ante esas cosas se desmorona y pierde fuerza.
 
Yo no estoy diciendo que la sensación de seguridad sea falsa, al contrario, somos bastante afortunados en nuestra situación actual. Con comida en la nevera, policías en las calles que velan por nuestra seguridad e incluso aire acondicionado para cuando tenemos demasiado calor, somos el 10% de la población mundial que vive mejor.
 
Pero no nos da por preguntarnos a veces cuánto puede durar esta situación de desigualdad tan abismal que vivimos en el mundo. Ya hemos visto lo que ha sucedido en otros países como Egipto, las quejas violentas de los londinenses e incluso un foco de insatisfacción en España como es el 15-M.
 
Pero son cosas que todavía hoy podemos controlar para que no se nos vayan de las manos. Lo que realmente me preocupa a mí no es lo que yo llegaré a ver en mi vida sino lo que mis hijos y mis nietos verán en la suyas.
 
Ojalá encontremos la manera de ir evolucionando de forma lenta y progresiva hacia un mundo más justo y más sostenible y que tanto yo como ellos podamos participar activamente en el cambio. Porque la alternativa, es decir, personas furiosas con el mundo que deciden tomarse la justicia por su mano, no es nada halagüeña.
 
Empezar a trabajar tras la vuelta de vacaciones con un poco de autocrítica y perspectiva no es mala idea. Ahora que todavía estamos con las pilas llenas de energía para poder afrontarlo.
 
Gloria Bellido

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