Heroínas, soldados, almirantas y aventureras españolas del pasado

Vicenta Márquez de la Plata rescata del olvido más de 40 historias sorprendentes con el libro Damas ilustres en la historia de España

Ediciones Casiopea acaba de publicar: Damas ilustres en la historia de España, escrita por Vicenta Márquez de la Plata. En la obra, se recoge las biografías de más de cuarenta damas españolas, empezando en el siglo XIV y terminando en el XX que echan por tierra el mito de que las españolas del pasado poco hicieron por rebelarse o romper las normas imperantes. Armadas con sus plumas o sus pinceles, subidas a la grupa de sus caballos, navegando en soberbios veleros, guerreando, amando, conspirando, reinando o gobernando ejércitos, fueron las adelantadas a su época. “Damas ilustres en la historia de España”, un inédito muestrario de rompedoras españolas.

Capitanas intrépidas

Isabel Barreto de Mendaña, la gallega que llegó a ser Almirante y heredó las Islas Salomón.  La suya es la historia de una mujer intrépida y aventurera, la única almiranta, gobernadora y adelantada de los Mares del Sur. Hermosa, bien proporcionada, de cabellos rubios y ojos claros, (como lo son muchos gallegos), Isabel entró en el círculo de las amistades de los virreyes y en 1586, en la corte conoció al que sería su esposo: el famoso navegante, don Álvaro de Mendaña y Neyra. Él tenía más de cuarenta años mientras que ella contaba solo con veinte, pero entre ambos surgió una gran atracción. Ella se enamoró del aventurero valiente, una especie de caballero andante de los mares con el que compartiría aventuras.

Tras casarse, emprendieron un viaje de descubrimiento. Él había descubierto unas islas del Índico a las que había llamado Islas Salomón y a las que quiso volver. La travesía resultó terrible, enfrentaron un maremoto y un tsunami, en el que desaparecieron las naves que les acompañaba. «Una ola de proporciones monstruosas vino empinándose como si una mano tirara del océano hacia arriba, el barco de doña Isabel se puso casi vertical y el timonel, perdiendo el equilibrio, cayó al agua y desapareció; entonces, para admiración de todos, la almiranta se precipitó hacia el timón y, manteniendo la mano firme, aguantó la embestida del tsunami».

Isabel sobrevivió y fue llamada «La Ricahembra Capitana». A partir de ahí, hubo de enfrentarse a tormentas, el hambre, la falta de agua, el descontento de la tripulación, las enfermedades … Ella, vestida de hombre con las ropas de su difunto esposo, impartió justicia y llevó la nave hacia las Filipinas, donde recaló con la embarcación muy malparada: «Tenía las cadenas rotas y las velas, de viejas, se caían de sus vergas, así que se hubo de improvisar un velamen de emergencia, para poder llegar al puerto de Manila. Además, la mayoría de los tripulantes habían muerto de hambre. Sin embargo, llegó a tierra, donde fue recibida como una heroína, se dijo que era la reencarnación de la mítica reina de Saba». Allí contrajo de nuevo matrimonio y empezó una nueva vida.

Rumbo a las Américas en el S XVI

La de doña Mencía Calderón, fue también una aventura épica que tuvo como escenaro el mar. Esta extremeña, esposa de Juan de Sanabria, acompañó en el siglo XVI y en una larga travesía por el Atlántico a cuarenta jóvenes hidalgas para casarse y repoblar con una aristocracia colonial el nuevo mundo.

Le llevó cuatro años su épico viaje hasta alcanzar su destino. Sufrieron varias tormentas, padecieron falta de alimentos y escasez de agua dulce, importantes desperfectos en el navío, murieron varios integrantes de la expedición…. Por fin, en enero de 1552, llegaron a Santa Catalina, (actual Brasil), donde tuvieron que vérselas con los belicosos y antropófagos nativos. Desde allí, no pudiendo embarcar de nuevo por el estado de las naves, emprendieron a pie, el largo viaje por tierra hasta su destino. Tras sortear mil obstáculos, cruzar grandes ríos, selvas y cordilleras, librarse de numerosos peligros, pasar necesidades, hambre y sed, huir de tribus de antropófagos, de piratas, de enemigos y soportar desavenencias entre las tripulaciones, el grupo de mujeres alcanzó su destino el 15 de agosto de 1556.

Organizada por el Museo Naval de Madrid se celebró en 2012 una exposición bajo el nombre de «No fueron solos», en la cual se rindió homenaje a varias damas que tuvieron relevancia en la conquista y la colonización de las Américas, entre ellas, como no. doña Mencía Calderón.

Ana Francisca de Borja: Una virreina del Perú

El 7 de junio de 1668, Pedro Antonio Fernández de Castro, siendo virrey del Perú se trasladaba desde El Callao con un ejército a algunas zonas rebeldes del país, dejando a su esposa a cargo del gobierno del Perú y delegando oficialmente a su consorte el mando del virreinato como gobernadora de aquel. De esta forma, una dama que había sido educada para bordar y atender a los hijos, fue investida de una autoridad real para dirigir el gobierno de la más importante colonia española en ultramar. Ana Francisca de Borja demostró sus dotes de mando y su autoridad jamás fue cuestionada pese a la época en la que su destino dio un cambio de rumbo de 180 grados. Entre los asuntos que tuvo que zanjar fue el ataque y posterior saqueo de Portobelo, en Panamá, a manos del pirata Henry Morgan. Ana Francisca de Borja no se lo pensó dos veces y dispuso un ataque contra los piratas y emprendió una eficaz campaña dirigida a neutralizar otros ataques de corsarios.

Otras españolas atraídas por la acción

Otras damas incluidas en el libro y atraídas por la acción y la aventura fueron Catalina de Erauso, (la monja alférez), Doña Consolación Domitila de Azlor, (la heroína de los sitios de Zaragoza), que pese a su rimbombante nombre se sentía más a gusto entre el olor de la pólvora y el relincho de caballos que en las femeninas alcobas destinadas a bordar. También se recoge la historia de Margarita Ruiz de Lihory, 1893-1968, (la Matahari española), pintora, periodista, abogada y espía que vivió sonadas aventuras en Marruecos siendo amante de Abdel-Krim, y más tarde se perdió por Norteamérica donde se ganó la vida como pintora y dio numerosas conferencias feministas.

La mayoría de las protagonistas recogidas en el libro, fueron damas que se saltaron las normas y socavaron los principios imperantes en su época sobre la mujer. Mecenas, pensadoras, feministas, librepensadoras, condesas rebeldes, viudas que se supieron reinventar, gobernadoras, validas, virreinas y colonizadoras…

Mujeres que ensancharon el horizonte de su vida, que se sintieron arrastradas por su propia determinación, mujeres que hicieron uso de su ingenio y sobrevivieron a la soledad, a las prohibiciones, a las normas, a la asfixia de una sociedad convencional imprimiendo un aire de «realismo mágico” a su existencia y a la época que les tocó en suerte.

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