La sociedad está en constante transformación. Uno de esos cambios es el envejecimiento de la población, una revolución demográfica que requiere nuevas respuestas y a la que deben adaptarse las administraciones, los agentes sociales y la ciudadanía. Los avances de la atención sanitaria y la mejora de las condiciones de vida han consolidado un Estado de bienestar en el que se han resuelto necesidades que, tan sólo hace unos años, parecían insalvables.